El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Progresistas y conservadores


Por Gustavo Toledo

Con el tiempo aprendí que si algo define realmente a una persona en materia política no es su ideología, sus referencias históricas o su filiación partidaria (todas ellas pueden mutar, ocultarse o camuflarse según las convicciones, necesidades o intereses de la hora), sino dos características aparentemente insignificantes que forman parte de su ADN: su predisposición al cambio y su actitud frente a la crítica.

Si uno repara en el comportamiento de las personas que están en nuestro entorno a partir de esas dos premisas, descubrirá el grado de tolerancia y apertura mental que identifica (o no) a cada una de ellas, y, más pronto que tarde, advertirá, en los hechos, el abismo que separa a un progresista de verdad de un conservador de pura cepa.

Para ello,  si dejamos de lado las viejas etiquetas de izquierda y derecha -tan relativas y a la vez tan fácilmente manipulables-, y nos concentramos en esta otra división, encontraremos que no todos los que se proclaman de izquierda son tan progresistas como dicen ser y que algunos exponentes de la derecha no son tan conservadores como a algunos les gustaría que fueran.

Veamos algunas diferencias.

El progresista, si realmente lo es, no le tema al cambio (lo ve como una oportunidad, no como un peligro); tiene una visión dinámica de la vida, para él no hay destinos finales sino escalas, su utopía siempre está un paso más allá; no se conforma con lo que tiene sino que  aspira a un mundo mejor, perfectible, que no sitúa en el pasado sino en el futuro. El conservador, por el contrario, le teme al cambio (no lo ve como una oportunidad sino como un peligro); tiene una visión estática de la vida, cree haber llegado a la última estación del recorrido, se siento conforme (o resignado, al fin de cuentas para él es lo mismo) con lo que tiene y su principal preocupación estriba en que su mundo permanezca incambiado.

El progresista, si realmente lo es, acepta la crítica –sea del tipo que fuere- como un revulsivo necesario para el progreso de la sociedad en la que vive y para su propio progreso como individuo. El conservador, en cambio, es reacio a la crítica (sus verdades están prendidas de alfileres), ve el futuro como una mera continuidad del presente y éste, a su vez, como la prolongación del pasado.

Para el progresista, la crítica es parte del juego democrático, un síntoma de pluralidad y una expresión de libertad. Para el conservador, es un atentado contra el orden establecido y un exceso potencialmente dañino para el castillo de naipes sobre el que está parado.

Para el progresista hay múltiples formas de ver y entender la realidad, que, desde su punto de vista, pueden y deben coexistir y al mismo tiempo contraponerse civilizadamente. Para el conservador, hay una sola forma de ver y entender las cosas (la oficial, la que marca la tradición, la que se ajusta a los designios del poder; aquella a la que él es fiel) y si alguien se pone al margen o la cuestiona, debe ser combatido, radiado, exterminado.

En Cuba, tierra de partido único y líderes vitalicios, a la que muchos progresistas locales ven como modelo y ejemplo a seguir, no hay espacio para el cambio (sea en materia política, económica o social) desde hace más de medio siglo y cualquier crítica al régimen es vista como un acto subversivo y contrarrevolucionario que los personeros del régimen se encargan de castigar severamente. Allí, quien no forma de parte del círculo oficial, quien tiene la osadía de pensar con independencia y el valor de proclamar sus ideas en voz alta tiene dos caminos por delante: la balsa o el calabozo. ¿Es ése el ideal de un progresista de verdad? ¿Una isla-cárcel, monocolor y varada en el tiempo, en la que solo tienen permiso para hablar los paniaguados con carnet del partido comunista y en la que la vida de los ciudadanos está controlada por un Estado autoritario que los condena a la abyección y la miseria?

Si es así, que alguien me explique, por favor, ¿en qué se diferencian Mao, Fidel, Stalin, Franco, Pinochet, Videla y Torquemada? ¿Qué extraña razón convierte a unos en referentes del progresismo y a otros, según ellos, en estandartes del conservadurismo más cerril y sanguinario? ¿Acaso no forman parte todos ellos de la misma familia?

Por desgracia, la semillita totalitaria está plantada en muchas cabecitas supuestamente progresistas. Para conocerlos de verdad, no hay que fijarse en su disfraces o máscaras sino en sus actos y actitudes.


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