El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Argentina como modelo antiguo


Por Carlos Maggi (*)

Luis Jiménez de Azúa un penalista español acusado de plagio, dijo con razón, para excusarse: "Podrá usted discutirme la fecha del dicho, pero no, su originalidad; esa idea suya estaba en el aire y de ahí la tomé yo".

Algo de eso me pasó cuando leí en La Nación de Buenos Aires a un pensador francés, Guy Sorman, hablando de Argentina. Dice por ejemplo: "El primer deber de un intelectual es atender al otro." Y aclara: En materia política, lo común es atender a un 50% de lo que está pasando; cuando lo que vale, es atender al 100%.

Comento: Para pensar libremente, la primera condición es superar el fanatismo, practicar la ecuanimidad: ver toda la cancha. Entender al adversario.

Hay también condicionantes menores, como no afiliarse a ningún partido; la afiliación exige una fidelidad mecánica; cuanto digan los líderes y cuanto resuelva la colectividad, tiene que ser acatado (admitido como bueno y defendido). La acción exige que todos se ciñan a la disciplina; unirse para lograr fuerza.

Dice Sorman desde lejos:

Hace 25 años, en Brasil había hiperinflación, más proteccionismo. (En el Uruguay esa situación duró hasta hace 15 años, 1997). En Chile, hubo dictadura militar y libre mercado. En países como Perú, una suerte de capitalismo mafioso. América latina era una especie de laboratorio de experimentos económicos y políticos. Pero 25 años después, todo ha sido probado y finalmente todos sabemos que "democracia y libre mercado" son los dos fundamentos no solo del desarrollo económico, sino también de la justicia social, de los medios de prensa independientes, la moneda estable, los derechos humanos. El factor clave del desarrollo económico es lo que llamamos el Estado de Derecho.

Esto lo sabemos todos, menos la Argentina (que aplaude cuando deja de pagar, cuyo gobierno dispone del ahorro ajeno o expropia sin pagar lo que vale el bien expropiado, etc.).

Argentina es como el museo de un debate que murió; el peronismo no termina de encontrar su lugar en la historia, sigue presente, en actividad. En Italia buscaron la manera de incluir a los excluidos; y ese había sido el argumento de los intelectuales fascistas para imponerse ¡en 1920!

Estoy a favor del Estado de bienestar y estoy muy a favor de la redistribución… si es que usted tiene algo para redistribuir.

El gobierno nunca crea riqueza. No es su trabajo. No sabe cómo hacerlo. El papel del gobierno es crear las condiciones para la creación de riqueza, lo cual es completamente diferente. Y así se piensa en el mundo, excepto en la Argentina...

Es el Estado, el gobierno, quien debe proteger a la gente de los excesos del mercado. Esta es básicamente, la función de la democracia (en lenguaje local: ser el escudo de los débiles).

También es cierto, lo sabemos por experiencia, que cuando el Estado se desborda, crea un desastre. España es ejemplo de una intervención excesiva, del Estado. Lo mismo pasa en Grecia, donde el gobierno es dueño de todo.

Comento: ¿qué pensar del Uruguay, donde las empresas más grandes y poderosas, son los entes autónomos?

También la ideología batllista se hace anacrónica a lo largo de los años.

Sigue Sorman: En la Argentina, hay una tendencia constante a reunir en lugar de separar: el peronismo es radical: yo tengo razón, usted debe sumarse a mi causa; o es un traidor.

El problema de la Argentina es una permanente tentación hacia el pensamiento totalitario, en nombre de la inclusión de todos en la misma bolsa.

Comento: Destaqué simetrías uruguayas en las brillantes observaciones del francés. Y quedan por mostrar algunas coincidencias más, que no atendí por ser meros estertores totalitarios, que también existen en nuestro país, como intenciones encubiertas; que no se atreven a ser bandera oficial de nadie.

Esteban Valenti escribe: "En el Uruguay actual nadie dirá nunca una sola palabra contra la democracia y la democratización, el problema es cuando hay que concretar esa visión y sobre todo cuando atañe a nuestros espacios de poder".

Este es un punto a detenerse en cuanto al ejemplo argentino. El peronismo practica el dúplex; consiguió atar dos moscas por el rabo: exaltar la igualdad e imponer el autoritarismo, las dos cosas a la vez, como enseñara Mussolini. A tal grado pudo, que Tinelli, el más chabacano, es el dueño de los sueños argentinos; y la señora Cristina concentra en la Casa rosada, los tres poderes. De esa forma se teje el centralismo porteño que viene desde los tiempos de la revolución de Artigas y no decae.

En 1811, Sarratea nos vendió a los portugueses y nuestra gente tuvo que emigrar en masa (la Redota).

En 1816 Sarratea nos vendió por segunda vez, a los portugueses, y tuvimos una guerra que duró cuatro años, terminó en derrota y pasamos a ser una provincia portuguesa, la Cisplatina.

En 1828 (cuando juntos, argentinos y orientales habían vencido a Brasil y Rivera lo había invadido) los porteños nos vendieron por tercera vez, y para conseguir la paz, Sarratea y compañía, nos dejaron fuera de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

¿No será suficiente? No digo quebrar malamente. Digo, simplemente, precavernos. Macaco viejo no sube a palo podrido, dicen los norteños. Tenemos que hacer dieta de Argentina.

Lo mejor sería reunir a todos los agentes económicos uruguayos (exportadores, importadores, instituciones financieras, turismo, agropecuaria, logística, transporte, etc.) y leerles una declaración de independencia dirigida a país determinado.

Cada tanto, Argentina nos tumba... nos contagia y al final nos fulmina. Toda la moderación, más el gradualismo, más el prestigio de nuestra seriedad cumplidora, toda nuestra sensatez, es barrida por el trapecismo porteño. Son nuestros hermanos, pero además son los reyes de la cuerda floja. Argentina nos endulza primero incluyéndonos en su boom, nos adaptamos a su moda que es un modo de ser: y después implosiona; y nos arrastra.

Antes de explotar, la gran Argentina frecuenta grandes gestos que inflaman nuestra nostalgia de la patria grande; y eso seduce; por algo Buenos Aires es el París de los que viajan en 24 cuotas sin intereses. Allí se puede declararle la guerra al Reino Unido, o apropiarse del yacimiento de gas que saca medalla de bronce en el concierto de las naciones y se llama nada menos que Vaca muerta.

Cada veinte años un manotazo del infortunio hace que el mundo llore por ti, Argentina. Son como golpes de la Providencia equivocada; anticipan el Titanic de una dictadura o la falencia financiera más cuantiosa que se conoce. El corralito que inventó Cavallo, constituye el error financiero más asombroso del planeta; y a nosotros nos costó los horrores del año 2002.

Estamos a tiempo de apartarnos mientras los precios de las commodities, disimulen los delirios de Cristina.

Argentina es nuestra droga: regala picos de bonanza, cambia la economía y la cultura agraria del Uruguay y le queda resto para multiplicar por dos, Punta del Este.

Pero desde la convertibilidad al proteccionismo actual, los allende el río desafían las reglas básicas de la salud y hasta logran enfermarse en pleno boom regional. Sálvese quien pueda de nuestro vecino fraterno. Alejarse en el tiempo, ya que geográficamente es imposible, es nuestra salida de emergencia.

Una vez más, Buenos Aires murmura un ruido a explosión. Nuestra tarea no es fácil, se trata de levantar una cordillera de los Andes, en el Río de la Plata.

(*) Abogado. Escritor. Periodista. Historiador.

Fuente: El País Digital

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