El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

sábado, 11 de mayo de 2013

Lenguaraces

 Por Gustavo Toledo

La decadencia de una sociedad comienza por el bastardeo de su idioma. Cuando sus habitantes no sienten el más mínimo respeto por las reglas que rigen la ortografía y la sintaxis de su lengua, cuando hablan como se les canta y su vocabulario se reduce a un puñado de palabras mal empleadas y un sinnúmero de onomatopeyas sin contenido, la comunicación se envilece, el diálogo se dificulta y la comunicación se vuelve virtualmente imposible.

Sin comunicación no hay entendimiento y sin entendimiento la convivencia democrática se resquebraja. De ahí a la anarquía hay tan solo un paso.

Si se piensa como se habla y se habla como se piensa, estamos en serios problemas.

En un país culturalmente “tinellizado” como el nuestro, transformado desde hace décadas en una colonia televisiva de la Argentina, donde se replican con fruición toda clase de inmundicias propias de la vecina orilla, no es de extrañar que el humor se construya sobre la base de la descalificación del otro, los buenos ejemplos (trabajar, estudiar, esforzarse) pierdan valor en favor de modelos de conducta incompatibles con la vida civilizada y, en consonancia, los jóvenes (y los no tanto) se expresen del modo en el que lo hacen.

Lo que sí llama la atención es que las autoridades contribuyan a este progresivo y fatal empobrecimiento de nuestra lengua, y, lo sepan o no, de la concordia entre los uruguayos. El vocabulario que a menudo emplean algunos de nuestros gobernantes, como el mismísimo presidente de la República o una diputada oficialista, responsable en su momento del Ministerio del Interior, no sólo es indigno en personas de tan alta jerarquía como ellos, sino que además constituye un pésimo ejemplo para las nuevas generaciones.

Cuando el presidente, sin ir más lejos, tilda a un periodista de “nabo”, se refiere a un líder de la oposición como “pichón de Hereford sin guampas”, a otro como “perro faldero”, a una mandataria extranjera de “vieja terca” y a su difunto esposo de “tuerto” y “baboso”, a su compañera de partido como “gorda simpática” pasada de copas, y manifiesta –como lo hizo en una entrevista televisiva-  que hay que “avivar a los gurises”, diciéndoles “no seas gil nabo de mierda, (porque) vas a terminar como una rata de cárcel” y, para colmo, termina su reflexión señalando que “hay que decirlo así, en un lenguaje bien duro”, para que entiendan, habilita a que nos preguntemos, ¿si cree realmente que hablar así es “hablar claro” o lo hace para llamar la atención de una manera burda y efectista?

Si cree lo primero, nos da por desahuciados y renuncia a su labor docente (toda figura pública lo es o debería serlo). Y si busca lo segundo, contradice lo que señaló el 1º de marzo de 2010 ante la Asamblea General: “Los gobernantes deberíamos ser obligados todas las mañanas a llenar planas, como en la escuela, escribiendo cien veces: «Debo ocuparme de la educación»”. Yo le agregaría, si me permite el señor presidente, que deberían escribir todas las mañanas cien veces o más: “DEBO DAR EL EJEMPLO”.

Quizás con eso no alcance, pero sería sin duda una gran contribución a la educación y cultura de los uruguayos. Además de una tranquilidad para las abnegadas maestras que día a día se empeñan en enseñarle a sus alumnos a emplear correctamente nuestro hermoso y sufrido idioma.

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