El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

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sábado, 20 de octubre de 2012

Renovación en curso


Por Graziano Pascale (*)

Tal parece que las novedades políticas en la próxima campaña vendrán del lado de la oposición. Con un cada vez más firme regreso del ex presidente Vázquez, que debe enfrentar el vendaval que él mismo desató al entregar Pluna a un grupo que profundizó sus problemas hasta llevarla a la quiebra, la oposición se apresta a poner en marcha el proceso para elegir a sus candidatos.

Aún es temprano para vaticinar resultados, y todas las posibilidades están abiertas. Pero hay una gran posibilidad para la renovación. En el Partido Colorado, si bien ya no es una novedad, la candidatura del senador Bordaberry se perfila para coronar una estrategia bien diseñada en su intento por identificarse con algunos reclamos muy sentidos de la sociedad, como el de la seguridad.

En el Partido Nacional, la figura del senador Larrañaga aglutina la mitad de los votantes, en un proceso en el que aún no se ha entablado una batalla formal por la candidatura presidencial. Pero ya emerge la figura del diputado Luis Lacalle Pou, como un posible candidato del otro sector de esa colectividad, que es el mayoritario a la luz de las pasadas elecciones.

Si este proceso se consolida, probablemente la próxima campaña puede tener como uno de sus ejes la renovación en el liderazgo del país, que otra generación ya está reclamando.

(*) Periodista

domingo, 14 de octubre de 2012

Chávez: razones para una "victoria"


Por Graziano Pascale (*)

No es en una gestión de gobierno exitosa donde hay que buscar la clave de la tercera reelección de Hugo Chávez, coneguida el pasado domingo 7 con el 54% de los votos, sino en el poderoso vínculo afectivo, reforzado por generosos planes de asistencia social, que logró establecer con más de la mitad de los venezolanos, que desde hace 14 años lo votan como presidente de Venezuela.

Este hijo de maestros de escuela primaria nacido hace 58 años en el estado Barinas, en la región de los llanos, quedó en la antesala de convertirse en el presidente que más tiempo haya ejercido ininterrumpidamente la presidencia de Venezuela. Si logra finalizar su mandato de seis años, que asumirá el próximo 10 de enero, Chávez habrá completado 20 años al frente del país, sólo superado por el general Juan Vicente Gómez, quien entre 1908 y 1935 gobernó 16 años de modo directo y otros 11 años de modo indirecto, controlando presidentes títeres.

Esta singular proeza política tuvo como punto de partida un fracasado golpe militar contra el presidente Carlos Andrés Pérez, a quien intentó derrocar en 1992, cuando era teniente coronel del ejército. Tras purgar junto a sus camaradas alzados en armas dos años de condena, fue indultado por el presidente Rafael Caldera en 1994. Una vez recuperada la libertad, se convirtió en el actor político más importante de Venezuela, empujado por el descrédito en el que había caído el sistema de partidos surgido tras el fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, sobre la base de la socialdemócrata Acción Democrática (AD) y el socialcristiano COPEI, que se alternaron en el poder hasta la primera victoria de Chávez en 1998.

Chávez ingresó de lleno a la arena política con su partido Movimiento V República, que fundó en 1997 para competir en las elecciones del año siguiente, que ganó con el 56 % de los votos. Tras jurar como presidente de Venezuela sobre una “moribunda Constitución” el 2 de enero de 1999, Chávez inició un frenética carrera política signada por dos constantes: su obsesión por construir el “socialismo del siglo XXI”, imprecisa definición que mezcla asistencialismo, empresa privada y brotes de castrismo, y su impulso irrefrenable por plebiscitar su nombre, la nueva Constitución o enmiendas para habilitar su reelección indefinida. 

Su proyecto de eternizarse en el poder, y dejar atrás la figura legendaria del general Gómez, enfrentó en el último año dos obstáculos que no estaban en sus planes: un cáncer detectado el año pasado, por el que debió someterse a varias intervenciones quirúrgicas y dolorosos tratamientos en Cuba, y la vigorosa personalidad del nuevo líder de la oposición, el joven abogado y gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonsky.

El pasado domingo 7 pareció demostrar que había superado ambos escollos. Pero tal vez sea demasiado temprano para cantar una victoria definitiva. Por lo pronto, el cáncer que afecta al presidente no es un tema sobre el cual haya información oficial verificable. Apenas se han conocido declaraciones del propio Chávez, o ruegos públicos a Jesucristo implorando por su vida, y escuetos comunicados oficiales divulgados durante sus largas estadas en La Habana, que no permiten vislumbrar la verdadera entidad del tumor, sus posibles ramificaciones y las probabilidades de éxito de los procedimientos seguidos para extirpar el mal o controlar su evolución.

El caso de Capriles es diferente. Este carismático dirigente de 40 años, que ya fue presidente de la Cámara de diputados, alcalde del Municipio Baruta, zona elegante del área de Caracas y gobernador del estado Miranda, llegó para quedarse en el escenario político venezolano. Gracias a su vigorosa campaña, la oposición que hace seis años deambulaba sin un rumbo fijo ni un timonel seguro, hoy sumó 2 millones más de votos con relación a la anterior campaña, mientras Chávez apenas agrego algo más de 150.000 sufragios a su cosecha del 63 % de los votos que entonces obtuvo.

PREPARANDO EL RELEVO 

Si bien no hubo alegaciones de fraude en el conteo final de los votos, ni denuncias de irregularidades de tal magnitud que pudieran poner en cuestión la limpieza del acto electoral, no faltaron suspicacias a la hora de analizar la masiva concurrencia a las urnas, algo superior al 80%, un récord histórico en un país donde el voto no es obligatorio. Ese guarismo representa más de un millón de votos por encima de lo que todas las encuestas auguraban, a la luz de la decisión de abstenerse que sistemáticamente mostraba el 10% de los votantes. Casualmente, esa es la diferencia aproximada en votos que alcanzo Chávez frente a su contendor.

Las especulaciones sobre las razones que hicieron cambiar de idea a ese millón de ciudadanos en pocos días encierran el secreto último de la poderosa maquinaria electoral del oficialismo. En tiendas opositoras se asegura que un aceitado mecanismo de movilización y financiamiento de votos es la clave del éxito. “El chavismo tiene una cantidad de recursos ilimitada a su disposición para las elecciones. No se trata solamente de dinero, sino también de verdadero ejército de decenas de miles de personas asalariadas en todo el país para asegurarse de que todos los votos potenciales en reciprocidad por los subsidios económicos no falten en las urnas”, dijo a Búsqueda un dirigente opositor.

La candidatura de Capriles, y el avance que gracias a ella hizo la oposición, fueron las grandes novedades del pasado domingo. Para que ello fuera posible, dirigentes de diversas fracciones opositoras acordaron el año pasado unificar sus esfuerzas en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para enfrentar sin fisuras la cuarta postulación presidencial de Chávez. El procedimiento elegido fue una elección abierta entre cinco precandidatos, aunque los más fuertes eran el socialdemócrata gobernador del rico estado petrolero Zulia, Pablo Pérez, y el liberal Henrique Capriles, gobernador del estado Miranda. 

La elección interna se realizó el 12 de febrero, y logró movilizar a tres millones de simpatizantes, de los cuales el 60% apoyó la postulación de Capriles. Simultáneamente se eligieron los candidatos que representarán a la coalición MUD en las elecciones del próximo 15 de diciembre para elegir 24 gobernadores y 335 alcaldes de otros tantos municipios desparramados a lo largo de los 916.000 kilómetros cuadrados de superficie, donde viven 27 millones de venezolanos.

Este será el primer test de fuerza del chavismo, luego de la tensa y agotadora jornada del 7 de octubre. Entre los analistas políticos prima la idea de que los candidatos a gobernadores del chavismo serán finalmente los chivos expiatorios de la disconformidad bastante extendida, incuso en filas oficialistas, sobre la deslucida gestión del gobierno. “No importa que las calles tengan pozos, no importa que a veces no haya luz y que haya problemas con el agua, lo que importa es la patria”, sostuvo Chávez en uno de sus discursos de campaña, en una tácita admisión de los problemas que acucian a los ciudadanos desde hace años.

Si este pronóstico se confirmara con la pérdida de muchas de las 22 gobernaciones que hoy controla el chavismo, el proyecto político de Capriles habrá dado un nuevo paso adelante. El resto depende de la evolución de la enfermedad de Chávez. La Constitución sólo permite que el vicepresidente asuma la presidencia del país en forma definitiva si la vacancia ocurre en la segunda mitad del mandato presidencial de 6 años. Si ocurre antes, los ciudadanos deben ser convocados nuevamente a las urnas para elegir al sucesor. Sin heredero visible a la vista, el chavismo quedaría entonces a las puertas de su desalojo del poder, que, tal como quedó demostrado claramente el domingo 7, reside exclusivamente en la figura de este locuaz, astuto y tenaz oficial de infantería, que domina la escena desde que en 1992 decidió acabar, con un golpe militar, con la democracia en Venezuela.

(*)Periodista.

Aclaración: este texto fue publicado el 11.10.12 en la Sección Cartas de los lectores del Semanario Búsqueda

martes, 2 de octubre de 2012

Venezuela: urnas con mensajes para Uruguay


Por Graziano Pascale (*)

Cuando el entonces coronel Hugo Chávez encabezó una sublevación militar contra el gobierno constitucional del presidente Carlos Andrés Pérez en 1992, su retórica socialista y antiyanqui sedujo a vastos sectores de la izquierda continental, entre ellos a la uruguaya.

Aún con la marca viva de la dictadura militar en el país, varios sectores y dirigentes del Frente Amplio dejaron de lado los principios democráticos para expresar simpatías por el militarismo que encarnaba Chávez.

Su victoria electoral de 1998, y sus triunfos contra una debilitada oposición que soportó sobre sus hombros el desprestigio de los partidos políticos que gobernaron Venezuela durante 40 años, fueron festejados como propios por la izquierda uruguaya.
Con la llegada al poder del Frente Amplio en el año 2004, esa simpatía mutua se tradujo en acuerdos comerciales y beneficios económicos para el Uruguay, a cambio de favores políticos, como las gestiones para el ingreso de Venezuela al Mercosur, y la cesión a Chávez de una órbita satelital asignada al Uruguay por la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Por estos y otros motivos, las elecciones del domingo 7 de octubre son también cruciales para el Uruguay. Una victoria del opositor Henrique Capriles supondría una revisión de las ayudas financieras recibidas desde Caracas, mientras que una victoria de Chávez permitiría al gobierno del presidente Mujica encarar el último tramo de su gestión con cierto respiro financiero, materializado en el apoyo al sistema bancario a través del Bandes y a la producción de biodiesel a través de Alur.

(*) Periodista

sábado, 1 de septiembre de 2012

Cuesta abajo


Por Graziano Pascale (*)

De la mano de su estilo desconcertante, que se basa en el zigzagueo como táctica favorita, la gestión del presidente Mujica fue golpeado este año por cinco episodios que parecen haber perforado la línea de flotación de su gobierno, al que han llevado al peor desempeño en las encuestas en siete años de gobierno frenteamplista. Cada una de las crisis asociadas a estos episodios mostró un patrón similar de improvisación y voluntarismo en las réplicas, que no hicieron más que agravar las consecuencias de los episodios que los originaron.

Hagamos un rápido repaso a cada uno de estos episodios, en un viaje en el tiempo de este año 2012, que será seguramente será recordado en la historia como el punto de quiebre de la hegemonía del Frente Amplio en la política nacional.

ENFERMEROS ASESINOS

La noticia sorprendió a comienzos de año. Un fulminante procedimiento policial, precedido por una sigilosa investigación que ni siquiera había sido conocida por el ministro Bonomi, llevó a la detención de dos enfermeros que habían dado muerte a pacientes internados en dos CTI (uno público y otro privado). Un ya jaqueado sistema de salud recibió una especie de tiro de gracia. Cerca de 20 casos comprobados de homicidio, y decenas bajo sospecha, generaron la más grave crisis de confianza en el sistema de toda la historia.

Varios indicios, en particular en el hospital Maciel, habían alertado sobre episodios confusos. Sin embargo, no fueron tenidos en cuenta. El estupor ganó a la población. Ni el ministro del interior ni el de Salud Pública, que tuvo que regresar presuroso de un viaje, estaban en conocimiento de los hechos.

La reacción del presidente Mujica fue parsimoniosa, y, contra todos los pronósticos, mantuvo en sus cargos a los responsables de la gestión en Salud Pública. El binomio Venegas-Briozzo mostró, entonces, enfoques diferentes sobre la crisis, sus causas y sus posibles abordajes. La desconfianza, instalada tras las muertes en cadena, aumentó con el paso de los días.

MUERTE Y MOTÍN

Cuando los ecos de esta crisis no se habían disipado, a fines de abril un preso de alta peligrosidad de la cárcel de Libertad, con un arma de fuego de alto calibre en su poder, da muerte a un policía encargado de su custodia, y posteriormente es abatido. Ese episodio desencadena una serie de marchas y contramarchas sobre suspensión de visitas de familiares a detenidos, que acaba con uno de los peores motines de la historia carcelaria del país.

Un alto jefe policial desliza públicamente, sin identificar responsables, una "conexión política" detrás del motín, y eso desencadena un episodio parlamentaria que desemboca en una moción de censura al ministro Bonomi, promovida por el diputado nacionalista José Carlos Cardoso, que es respaldada por toda la oposición, con la excepción del Partido Independiente.

ASESINATO EN LA PASIVA

Apenas un mes después, a fines de mayo, un joven atracador irrumpe en un local de La Pasiva, en 8 de octubre, y asesina a sangre fría a un trabajador como una especie de "acto preparatorio" de la rapiña que finalmente consuma.

El hecho fue filmado por las cámaras del lugar, y rápidamente llega a las pantallas de televisión. El asesinato a sangre fría, repetido una y otra vez en los diferentes canales de televisión, genera un impacto en la población como pocas veces se recuerda.


La reacción oficial estuvo a la altura de los antecedentes. Incluso el presidente Mujica interviene en el debate, y deja trascender en rueda de periodistas que ese asesinato repugnante sería fruto de un "ajuste de cuentas". Sin mayor sustento la metáfora presidencial comienza a repetirse, en busca de quitar dramatismo a un hecho que habla por sí mismo.

Tan grande fue el impacto que ese episodio generó, que el gobierno improvisa sobre la marcha un paquete de medidas que anuncia 40 días después, en el que se destaca un llamado de atención a los canales de televisión sobre la difusión de escenas de contenido criminal sangriento, y un inesperado anuncio sobre liberalización del tráfico de marihuana.

"ME EQUIVOQUE. NOS EQUIVOCAMOS"

A principios de julio, como en el título de la novela de García Márquez, el cierre de Pluna es el epílogo de la "crónica de una muerte anunciada".


Las escandalosas pérdidas financieras iniciadas tras el otorgamiento en la administración Vázquez a un empresario, sin experiencia en el ramo, de la gestión de la empresa Pluna, colmaron la paciencia del presidente Mujica, quien decidió que la empresa dejara de operar.

El cierre fue decidido luego de que el gobierno decretara la separación de Matías Campiani, el gestor de la empresa, tras comprobar hechos irregulares en la conducción de la misma. Todo había quedado de manifiesto tras una interpelación del senador nacionalista Carlos Moreira al ministro de Transporte, Enrique Pintado.

El escándalo político fue mayúsculo. Las primeras coartadas oficiales -juicios hipermillonarios en Brasil- quedaron rápidamente por el camino. El fantasma de un dudoso otorgamiento a Campiani de la conducción de Pluna, emergió en el horizonte. Las miradas comenzaron a apuntar hacia quien entonces era ministro de Economía, Danilo Astori, quien, junto al entonces ministro de Transporte Víctor Rossi, jugó un rol determinante en la adjudicación.

En medio de la crisis, se conoce una carta de Astori, bajo el título "Me equivoqué". Pocas horas después, el presidente Vázquez replica con otra carta, titulada "Nos equivocamos".

LA VACUNA

Como si estuviera en medio de un proceso sísmico imparable, la tierra volvió a moverse bajo los pies del presidente Mujica cuando la oposición acorrala al gobierno en el tema de la vacuna contra el virus del papiloma humano (HPV, por su sigla en inglés).

Nuevamente los focos vuelven a apuntar hacia el binomio Venegas-Briozzo, que atacan a la oposición, acusándola de buscar "réditos políticos", por exigir que el gobierno otorgue gratuitamente la vacuna a la población de riesgo, que actualmente sólo puede estar cubierta del riesgo de cáncer de cuello de útero si desembolsa 500 dólares por vacuna.

Tan insostenible resulta la posición del gobierno, que el malestar en las propias filas frenteamplistas lleva a intervenir en la discusión al ex presidente Vázquez. Haciendo gala de su condición de radioterapeuta, Vázquez explica en un extenso documento las chances de la vacuna, combinada con análisis preventivos, de impedir la aparición del cáncer, y termina aconsejando la vacunación obligatoria.

Toda la argumentación de los jerarcas del Ministerio de Salud Pública se derrumba ante el planteo de Vázquez.

¿EL PASADO QUE AÑORO?

Las crisis aludidas en este resumen, a las que se podría agregar la que ha vivido a lo largo de todo el año el sistema educativo estatal, tienen el trasfondo de un enfrentamiento entre las dos alas del Frente Amplio, que se han sucedido al frente del Poder Ejecutivo en los dos últimos períodos.

El estilo del presidente Mujica quizás ha contribuido a prolongar estas crisis, y es probable que la combinación de hechos y personalidad presidencial expliquen este abrupto descenso en la aceptación popular que sufre el gobierno.

Las próximas páginas de este libro están aún en blanco. Están quienes piensan que la personalidad de Tabaré Vázquez operará como un bálsamo que curará las heridas y abrirá el camino a un tercer período de gobierno. Junto a ellos, más discretamente, están los que evocan la letra del tango que inmortalizó Gardel:

"Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
yo no las puedo arrancar.

Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá."


(*) Periodista. 

sábado, 25 de agosto de 2012

Reflexiones en el día de la Independencia


Por Graziano Pascale (*)

Al opacar en la memoria colectiva el día de la independencia nacional, tal vez la “noche de la nostalgia” es un misterioso instrumento de la historia que nos pone delante de un episodio traumático del cual el país no parece aún haberse repuesto. El nacimiento del Uruguay como estado independiente, de la mano de la diplomacia inglesa, ocurrió el 4 de octubre de 1828, con la Ratificación Preliminar de Paz entre Argentina y Brasil.

Los historiadores se resisten en tomar esta fecha como la de la independencia verdadera, pues no ven en ella intervención nacional alguna. Pues creo que es un error. Hubo en estas tierras, desde el Cabildo del 1 de setiembre de 1808 (apenas 20 años antes) un sentimiento de tipo local, una identidad propia, diferente a las del resto de las posesiones españolas o de las Provincias Unidas luego, que desemboca en el sentimiento uruguayo que hoy nos une.

Ha sido un proceso largo. El Uruguay fue tierra de frontera entre España y Portugal primero, y entre Argentina y Brasil, después. Y lo sigue siendo. 

El desafío para las generaciones de hoy es enfrentarnos sin complejos a nuestra historia. A veces los países, como las personas, pueden tener nacimientos borrascosos, fruto de episodios que por pudor se quieren ocultar. Pues si así fue, ya es hora de asumir nuestro nacimiento con sus luces y sus sombras.

Si se revisan las crónicas de la época, o si se consultan las memorias pasadas de generación en generación en familias patricias, se advertirá que la Jura de la Constitución de 1830, que consagraba el estatuto del estado ya existente, no fue un acontecimiento traumático. Más bien, fue visto como lo que realmente fue, el desenlace natural de un largo proceso en el que se fue incubando una identidad, un sentimiento, que es la base de la nacionalidad de la cual hoy nos sentimos orgullosos.

Y que, en momentos de zozobra, debería ser un sentimiento de unidad y de esperanza.

(*) Periodista

lunes, 6 de agosto de 2012

Coalición para el cambio: una idea que crece desde el pie


Por Graziano Pascale (*)

Pese a la frialdad del liderazgo opositor, que en algunos casos es abierta hostilidad, y a la casi nula presencia en la cobertura habitual de los medios, la idea de dar vida a una coalición de partidos opositores para disputar el gobierno de Montevideo ya es mayoritaria entre los ciudadanos que desean un cambio en la capital del país. 

Así lo demuestra una encuesta de la empresa Radar, que en el pasado mes de junio verificó que más de la mitad de los votantes blancos y colorados, tomados en su conjunto, comparten la idea. El rechazo en ese electorado llega a un promedio del 12 %, y entre votantes del Frente Amplio, alcanza el 37 %.

Esta medición, la primera de este tipo que se conoce luego de que durante casi dos años el tema fue ganando espacio en las redes sociales, demuestra que es un proyecto político que tiene gran futuro, y que sin duda habrá de impactar tanto en la política departamental como en la nacional.

El instrumento de la coalición, propio de la democracia, supone que partidos diferentes se unen para llevar adelante un programa de gobierno, acordado previamente. Las experiencias que hay en este tipo en el país son variadas. La más exitosa es el Frente Amplio, formado en 1971 en torno de un programa mínimo de gobierno, acordado por los partidos movimientos que le dieron vida bajo la presidencial del general Líber Seregni.

Los partidos fundacionales han compartido responsabilidades de gobierno sobre la base de acuerdos parlamentarios, celebrados luego de las elecciones, que implicaron la formación de gobiernos con ministros de ambos partidos, en apoyo de un plan de gobierno mutuamente acordado.

En el caso de Montevideo, la realidad electoral demuestra que solamente un acuerdo de los partidos opositores puede crear las condiciones para una alternativa política viable. Eso no supone fusión de partidos, ni desaparición de viejas identidades. Tan solo implica la voluntad de acordar un programa de gobierno, y un instrumento electoral que permita ganar las elecciones, como paso ineludible para aplicar el programa.

Tal vez haya aún un camino para recorrer desde el llano, en procura de llevar esta idea a la realidad. Los líderes de la oposición ya no pueden dar la espalda a un reclamo de sus votantes. El paso siguiente consiste en explorar a nivel de técnicos las posibilidades de acordar soluciones programáticas a los principales problemas de Montevideo.

Con esta base de respaldo popular, los líderes están obligados a generar un espacio de coordinación que permita avanzar en la idea. El punto de partida es ese: la voluntad de empezar a hablar. El punto de llegada surgirá después de esas conversaciones, cuyo inicio formal no puede ir más allá del primer semestre del año próximo.

(*) Periodista

sábado, 21 de julio de 2012

El revés de la trama


Por Graziano Pascale (*)

Cuando en el año 2008, bajo el gobierno del presidente Vázquez, se entregó el control de Pluna S.A. a Leadgate, una oscura trama para alcanzar ese objetivo había sido pacientemente tejida por asesores financieros y jurídicos relacionados entre sí y con figuras de la administración, según lo revela el semanario Brecha en su edición del viernes 20 de julio.

La paciente investigación de esa respetada publicación de izquierda pone al descubierto una realidad inquietante, que además aporta una pista decisiva para esclarecer el misterio del secreto que rodea los balances de Pluna S.A. Ya en proceso de liquidación, y por tanto sin posibilidad alguna de ser vendida, ¿qué información vital puede amparar ese secreto con miras a un imposible proceso de negociación? Hacerse la pregunta es responderla.

El mismo razonamiento cabe ser aplicado a la investigación parlamentaria que el Frente Amplio ha bloqueado. Ambas instancias (divulgación del balance, comisión investigadora) son indispensables para esclarecer las responsabilidades políticas y administrativas que condujeron al desastre de Pluna. La investigación judicial, sometida en gran parte a mecanismos de reserva y con plazos largos y trámites engorrosos, no responde a las necesidades políticas, ya que su accionar se limita al ámbito penal.

La investigación de Brecha es una pieza decisiva en este escándalo, porque con pruebas irrefutables, deja al descubierto el rol decisivo que tuvo en todo el proceso, y en la intervención del Scotia Bank en este negocio, una firma de consultoría estrechamente vinculada al ministro de Economía y Finanzas.

Profesionales de esa misma firma, según Brecha, asesoraron al Scotia Bank, que es el acreedor más importante de Pluna S.A., y que gracias a una modificación propuesta a la ley de concursos se asegura el cobro de sus adeudos.

La trama ha quedado al descubierto. Lo peor que puede pasar ahora es fingir que nada de esto existe, y que el cordón sanitario que proporciona la mayoría parlamentaria impida conocer la verdad. Muchas trabas se han puesto en el camino como para pensar que hay una voluntad real de que el revés de la trama quede, finalmente, a la vista de todos.

(*) Periodista

miércoles, 18 de julio de 2012

Quemá esas cartas


Por Graziano Pascale (*)

Las cartas de Astori y Vázquez ("Me equivoqué"; "Nos equivocamos") constituyen el último recurso de relaciones públicas para manejar la crisis abierta tras la liquidación de Pluna S.A. En un desesperado intento por apagar el incendio generado por ese desastre político, las dos figuras más importantes del Frente Amplio respondieron de ese modo la movida del presidente Mujica de instruir a la bancada parlamentaria para enviar todos los antecedentes del caso a la justicia del Crimen Organizado.

Es una crisis de proporciones gigantescas. Fracasaron todos los intentos de rutina para controlarla. Primero la negación (las sonrisas burlonas del ministro Rossi cuando acudía a los llamados del senador Moreira), luego la defensa en bloque de todo lo actuado, después la intervención de Pluna S.A. con el desplazamiento y el pago de "despido" a Campiani, acto seguido la farsa del "interés" de Jazz, luego la liquidación y la burda mentira de los juicios en Brasil, hasta llegar a las dos cartas de las últimas horas.

Han sido días vertiginosos, y el desenlace de esta crisis contrasta con el que tuvo la del año 2002, manejada por el presidente Batlle. Es probable que sus consecuencias políticas, sin embargo, sean similares.

La diferencia entre los dos episodios, sin embargo, estriba en la extendida sospecha que existe hoy sobre el posible alcance delictivo que algunos tramos del proceso que termina con la liquidación de Pluna pueden llegar a tener. Cabalgando sobre la misma, se exhuma en estos días la recordada frase del entonces senador Mujica sobre la poca confianza que le inspiraba Campiani ("no me gusta la cara"), y comparece en escena el vocablo "vaciamiento", pronunciado con serenidad por la senadora Topolansky.

La otra diferencia -aunque matizada por algunas revelaciones contenidas en el libro "Con los días contados" de Claudio Paolillo- radica en la fractura que el affaire de Pluna ocasionó en el Frente Amplio. El cierre de Pluna, en vísperas de las vacaciones de julio, fue, desde el punto de vista político, la peor salida en el peor momento. Difícil imaginar una coyuntura en la que las consecuencias del desastre puedan haber sido mayores.

Detrás de bambalinas, fuera de la vista y también de los oídos de la mayoría, se procesa un "ajuste de cuentas" en el oficialismo de proporciones épicas. Lo único seguro es que en esa trifulca que ocurre en estas mismas horas, entre el torrente de reproches y acusaciones cruzadas, hay dos palabras que nadie pronuncia: "Varig" y "conectividad".

(*) Periodista

sábado, 7 de julio de 2012

PLUNA: una derrota económica, política y moral

Por Graziano Pascale (*)

Existe cierta justicia poética en el hecho de que le haya correspondido a un gobierno del Frente Amplio, sempiterno defensor de las empresas públicas y el "patrimonio nacional", decretar la defunción de PLUNA. Bajo su administración, iniciada en el año 2005, se gestó -con la activa participación de los ministros Rossi y Astori - la entrega de la compañía aérea estatal al empresario argentino Matías Campiani, quien condujo a la empresa a la catástrofe financiera que ahora provoca su cierre.

Las pérdidas cercanas a los 90 millones de dólares en los cinco años de gestión iniciada en el año 2007, las deudas por 16 millones con el Banco República y de 24 millones con Ancap, los oscuros negocios con la empresa Aerovip, también controlada por Campiani, la contratación de asesores con honorarios por varios millones de dólares, y otros aspectos no menos claros de este período, están desde el 30 de mayo bajo la indagatoria de la justicia del Crimen Organizado.

El epílogo de este doloroso capítulo final de la historia de Pluna ha estado plagado por las mismos disimulos, mentiras y campañas de desinformación que caracterizaron su comienzo. Si algo positivo deja este abrupto pero previsible desenlace es la firme decisión del presidente Mujica de ponerle punto final a una insoportable sangría de dinero de los cofres estatales.

Elegido con buen tino el momento del anuncio (jueves de noche, en la antesala de la larga siestas del fin de semana), los cabildeos políticos comenzarán una vez superado el shock de la noticia. Los líderes opositores habrán tenido tiempo, entonces, de advertir que este el momento crucial del gobierno del presidente Mujica. Enfrentado a la dolorsa verdad de los números, sin otra vía de escape que asumir la realidad, le corresponde al presidente liderar al gobierno en la salida de este pantano.

Muchas cosas que no se han dicho, probablemente nunca se dirán, y quizás escapen también al escrutinio de la investigación judicial. Pero todos intuyen que hay una historia no escrita detrás del acceso a la dirección de Pluna de un empresario sin antecedentes en la aeronavegación, que había desembarcado en Uruguay atraído por la venta a precio de remate de la industria láctea italiana Parmalat. ¿Cuáles fueron las alianzas políticas que tejió para acceder a esa posición? ¿Quiénes y por qué razones apadrinaron, desde diferentes niveles de la conducción del Estado, su gestión plagada de puntos oscuros? ¿Por qué una y otra vez se hicieron oídos sordos a las fundamentadas denuncias que en varios momentos de los pasados cinco años hizo el senador nacionalista Carlos Moreira?

Lo que hay por delante es una estrepitosa derrota de una forma de hacer negocios, de mezclar intereses públicos y privados, e incluso de callar o disimular bajo el insoportable peso de una generosa pauta publicitaria.

La oportunidad es inmejorable para hacer las cuentas con el pasado, para contrastar con la realidad las supersticiones económicas que muchos tienen sobre el rol empresarial del Estado, y para evaluar en este inesperado test que ofrece la crisis de Pluna, la fortaleza de los valores éticos en la conducción de los asuntos públicos.

(*) Periodista.

jueves, 5 de julio de 2012

Una diplomacia en pantuflas


Por Graziano Pascale (*)

A medida que pasan las horas, y se acallan las risas que provoca esta comedia de golpe y porrazo, va emergiendo con claridad que la conducción estratégica de la diplomacia uruguaya la ha asumido en forma personal el presidente Mujica. Desoyendo los consejos de los profesionales del servicio exterior, y asumiendo compromisos en forma personal entre cuatro paredes, Mujica ha llevado a la arena internacional sus dotes de improvisado charlatán que se le reconocen fronteras adentro. 

Más destrozos es imposible imaginar. El primero fue sumarse al alegre coro que alegaba un "golpe técnico" en Paraguay, cuando lo que hubo fue una crisis provocada por el amateurismo político de un pícaro obispo, que pretendió volar los puentes con el partido que le daba apoyo parlamentario. Luego sobrevino la parte más jugosa: el ingreso de Venezuela al Mercosur. Aquí el presidente Mujica jugó un rol estelar, y los resultados están a la vista.

El libreto nos da todas las pistas posibles, "plantando" pruebas falsas, y poniendo en escena recursos gestuales al servicio de la mentira. Veamos. El canciller Almagro argumenta en todos los micrófonos y cámaras que se le cruzaron por delante que Uruguay resistió el ingreso de Venezuela, y que todo fue resuelto a instancias de la presidenta de Brasil, en el marco de una reunión reservada del trío sobreviviente del Mercosur.

Para probar su posición, Almagro señala que se retiró de sala en Mendoza momentos antes de votarse el ingreso de Venezuela, y que el presidente Mujica, para demostrar su desagrado, se sentó en segunda fila. Pero la réplica no demoró en llegar desde Brasilia: el más autorizado vocero presidencial en la materia, Marco Aurelio García, negó la responsabilidad brasileña, y adjudicó la autoría total de la maniobra pro-Chávez al presidente Mujica.

Siguiendo su olfato, y confiado en su buena estrella, Mujica puso en evidencia el rol secundario del canciller, lo dejó públicamente enfrentado al embajador Pomi (quien habría apoyado en contra de la opinión de Almagro el ingreso de Venezuela), irritó a la presidenta brasileña, profundizó el malestar en el gobierno paraguayo, obligó al vicepresidente Astori a expresar públicamente su rechazo a la maniobra, y arrastró al ex presidente Vázquez al resbaladizo terreno de la diplomacia en pantuflas que conduce desde su chacra de Rincón del Cerro.

Aislado en su propio partido, rotos los puentes con la oposición también en materia de política internacional, Mujica parece haber dilapidado en 28 meses el capital político que lo llevó a la presidencia de la República. La improvisación y su irrefrenable tendencia a hablar de más sellaron otra vez su suerte.

(*) Periodista

sábado, 30 de junio de 2012

Montevideo reclama un gobierno de amplia base política

Por Graziano Pascale (*)

La capital del país, sede del gobierno nacional, de las principales instituciones y hogar de casi la mitad de los compatriotas, enfrenta una elección crucial en el año 2015. Un cuarto de siglo de administraciones frenteamplistas se someterá al escrutinio popular, en un clima de creciente descontento por la gestión de este último periodo. Sin embargo, la peculiar sociología política del electorado montevideano no permite descartar una sexta victoria consecutiva del Frente Amplio, algo que una abrumadora mayoría no desea que ocurra.
 

¿Cómo enfrentar esta singular peripecia política? Desde tiendas opositoras se levantan ya candidaturas partidarias para luchar por el gobierno departamental. Paralelamente, aumentan las voces que reclaman la conformación de una coalición electoral, conformada en torno de un programa consensuado de gobierno, como única forma de lograr un cambio político en Montevideo.

¿Cuál es el camino adecuado? Un análisis sereno de la realidad electoral de Montevideo, a la luz de las últimas cinco elecciones, sugiere que el Frente Amplio conserva aún una mayoría relativa que puede oscilar en el 35 % de los votos. Ese guarismo le permitiría conservar el poder, si persiste el cuadro de una oposición fraccionada como lo conocimos desde 1989 a la fecha.

Quienes creen que eso puede cambiarse sin cambiar la estrategia electoral opositora, ponen el ejemplo de departamentos como San José, Paysandú, Florida o Salto, donde el Frente Amplio perdió el poder, o no pudo conquistarlo, sin alianzas políticas formales en los partidos fundacionales.

El razonamiento es simplista, y no toma en cuenta la singularidad de Montevideo, con un Frente Amplio hegemónico, algo que no ocurre en ningún otro departamento del país, con la excepción de Canelones en las últimas dos elecciones. 

En efecto, en los departamentos donde uno de los partidos fundacionales retomó el gobierno departamental, hubo acuerdos más o menos explícitos, en un escenario en el que solamente uno de los dos partidos fundacionales tenía posibilidades de enfrentar al FA de igual a igual. Eso no ocurre en Montevideo, ni hay indicios de que vaya a ocurrir en el año 2015.

Se han planteado dos caminos: la utilización de un lema común, que permita aglutinar hasta tres candidatos opositores, o una reforma constitucional, que introduzca el ballotage para los gobiernos departamentales. Esta última opción, planteada por el sector mayoritario del Partido Colorado, supone un camino largo y complejo, de resultado incierto, ya que coloca en manos de quienes no se favorecen por ese sistema la condición de árbitro en un plebiscito constitucional, de incierto resultado.

La opción del acuerdo electoral dentro de un lema común aparece, entonces como la propuesta más realista y sensata de cara a promover un cambio político en Montevideo. Urge que los líderes partidarios se aboquen al tema con la máxima seriedad, y que todos los que sienten que ha llegado la hora de un cambio en Montevideo se lo exijan de modo perentorio a sus referentes políticos.

(*) Periodista

sábado, 5 de mayo de 2012

Santoro

Graziano Pascale
Por Graziano Pascale (*)


El pasado domingo 29 de abril se cumplió el primer aniversario de la muerte del Dr. Walter Santoro, uno de los dirigentes políticos uruguayos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. 

Santoro había comenzado su militancia política junto al Dr. Luis Alberto de Herrera en los años 40, cuando arreciaba en su contra la campaña difamatoria impulsada por el Partido Comunista, que exigía que el viejo caudillo, veterano de las guerras civiles de 1897 y 1904, fuera enviado a la cárcel bajo la infamante y falsa acusación de "nazi". Fue aquel un bautismo de fuego, que habría de marcar toda su trayectoria política, enfrentando casi siempre desde el llano a sus adversarios políticos desde su querido departamento de Canelones, y su Santa Lucía natal.

Conocí al Dr. Santoro en Buenos Aires en octubre de1983, cuando Wilson Ferreira Aldunate acompañaba la victoria electoral de Ricardo Alfonsín. El nombre de Santoro ya era leyenda en el Uruguay. Diputado de Herrera, senador de Wilson, Santoro había sido ya entonces lugarteniente de los dos caudillos civiles más importantes del Partido Nacional. Había desempeñado también funciones ejecutivas en el "segundo gobierno blanco" (1963-1967) como Ministro de Industria y Trabajo. Durante la presidencia del Dr. Luis Alberto Lacalle llegó a ocupar incluso en forma interina la Presidencia de la República.

Luego de aquel primer encuentro de 1983 siguieron otros, tanto en su despacho del Palacio Legislativo como en su casa de Santa Lucía. A lo largo de esos casi 30 años en los que cultivé su amistad, fui descubriendo, con el ritmo que marcaba su trato cortés y al mismo tiempo reservado, una de las personalidades más ricas que he conocido en la vida política del Uruguay. Dueño de una memoria que no cesaba de maravillarme, y de una elocuencia que se agigantaba con el paso de las horas, sus recuerdos iban siempre acompañados de reflexiones punzantes y certeras sobre personajes y circunstancias de la historia uruguaya que le tocó vivir.

Como pocos, Santoro supo convivir tanto en el mundo de las módicas aspiraciones de la gente sencilla, como en el de las abstracciones propias del intelectual volcado a la reflexión o a la labor legislativa y de gobierno.

Al borde de su retiro de la política activa, anticipó los cambios que entonces se estaban gestando en el Uruguay. Veía en ellos el resultado de un proceso de deterioro de la sociedad y su sistema educativo, que condujo como si el país se hubiera lanzado por un imparable tobogán, a la actual decadencia de los valores sociales básicos, que parece no tener fin.

Como contracara de este presente en el que le costaba reconocer a su propio país, Santoro fue la encarnación de lo mejor que tuvo el Uruguay. Hijo de un hogar con raíces italianas, en el que se rendía culto a los valores del trabajo y la honradez, Santoro pudo alcanzar la cima de los honores que concede la democracia uruguaya en base a su dedicación al estudio, y a la tenacidad en la lucha por obtener el apoyo popular. En su presencia, el valor de la igualdad, sobre el que se basa la democracia, convivía con el señorío hijo de su cultivado talento, que determinaba que, con naturalidad, su interlocutor lo colocara siempre en un nivel más elevado que el propio.

El legado de Santoro, defensor a ultranza de las libertades públicas y del sistema democrático de gobierno, será fundamental en el proceso que conducirá al Uruguay al reencuentro con sus mejores tradiciones de tolerancia, respeto y libertad.

(*) Periodista

sábado, 28 de abril de 2012

El Motín de las ideas

Graziano Pascale
Por Graziano Pascale (*)

Los vaivenes en torno del motín en el COMCAR dejaron al descubierto uno más grave y perjudicial: el motín de las ideas. Se han rebelado unas contra otras en el elenco gobernante, y la sociedad se mantiene en vilo sobre el desenlace que tomará la crisis. Las explicaciones y las estrategias se fueron agolpando, y, a los empellones, provocaron una confusión aún más grande de la que quisieron evitar.

Todo comenzó con la balacera protagonizada hace una semana por un recluso en el penal de Libertad. Las heridas mortales sufridas por un policía -sepultado este fin de semana en Rivera, de donde era oriundo- llevaron a que uno de los sindicatos de policías se amotinara contra sus mandos y decretara la suspensión de las visitas regulares que los presos reciben de sus familiares.

Lejos de imponer el orden, las jerarquías del Ministerio del Interior se plegaron a la medida sindical, y consintieron en suspender las visitas. La tensión se extendió al COMCAR, donde un millar de presos tomó el control del módulo donde estaban recluidos, provocando destrozos que lo tornaron inhabitable.

Fue el peor motín en el sistema carcelario desde el retorno de la democracia. La crisis mostró la ausencia de planes de contingencia, y de una política de comunicación capaz de enfrentar los efectos del episodio. Se sucedieron así versiones encontradas de diversos jerarcas, matizadas con unas declaraciones atribuidas por sindicalistas policiales al presidente Mujica, quien los habría exhortado a hacer un paro en protesta por las condiciones en las que deben cumplir sus funciones.

Mientras unos decían que no había motivos para el motín, otros le asignaban a la suspensión de las visitas el factor desencadenante. Pero como las visitas se habían restablecido, entonces las autoridades pasaron a culpar a la prensa por no haber explicado claramente la situación.

Esto no conjuró la crisis. En medio de los cabildeos, el día 26 el presidente Mujica anuncia que pondrá en marcha controles militares en el ingreso a las cárceles, en el marco de una ley aprobada hace más de un año. Para completar el motín de ideas y estrategias, un jerarca del sistema carcelario dice tener las pruebas de la implicancia de un político opositor no identificado en maniobras con un narcotraficante detenido, para trasladar armas existentes en la cárcel.

Mientras los dirigentes políticos opositores reclaman explicaciones al ministro Bonomi, éste toma distancia y un comunicado oficial dice que son meras "hipótesis". Pero el presidente Mujica dice confiar en los instintos de "sabueso" del viejo policía y deja entrever que algo puede haber.

La justicia finalmente toma cartas en el asunto, y comenzó hoy una investigación formal para esclarecer los hechos y definir las responsabilidades. En medio de la confusión generalizada, el Parlamento no se queda atrás, y el diputado José Carlos Cardoso anuncia su intención de interpelar al ministro Bonomi.

El sistema carcelario parece haber llegado a la hora cero. ¿Esa hora sonará también para otros?

(*) Periodista. 

sábado, 28 de enero de 2012

El país como divisa

Por Graziano Pascale (*)
Cuando se cumplen 93 años del nacimiento de Wilson Ferreira Aldunate, la figura de este excepcional líder político, incontaminado por el ejercicio del gobierno, y perseguido por la dictadura militar con una saña que demostraba su buen olfato para eliminar de su camino a quienes más obstaculizaban sus perversos planes, transita por un singular derrotero: a medida que pasa el tiempo su influencia en la sociedad crece, en lugar de disminuir.
El número de wilsonistas “post mortem” no deja de aumentar en el Uruguay de hoy. Comprobar esta realidad llena de asombro al observador, y seguramente es motivo de regocijo para el espíritu de este uruguayo fuera de serie, que está cada día más prendido en el corazón de quienes lo conocieron y más vivo en los que sueñan con un futuro de libertad, de justicia y de decencia para el país.
¿Cuál es el motivo de este curioso fenómeno político? Seguramente podrían señalarse varios, pero si hubiera que elegir solamente uno, ese no sería otro que su probada vocación de uruguayo cabal, por encima de su pasión partidaria, que la tenía como pocos, y que fue una de las aristas más destacadas de su polifacética personalidad. Eso es hoy lo que más se echa de menos en el Uruguay, enfermo de sectarismo, de pujos partidistas, de exclusiones, de ninguneo por el que no se integra dócilmente al rebaño de ovejas que pastan en la fresca gramilla del generoso presupuesto nacional.
La vigencia de Wilson es aún más llamativa si se observa que muchas de las ideas que alentó en su campaña electoral de 1971 hoy han quedado relegadas ante el cambio que ha sufrido la economía mundial, y los avances de la tecnología que han modificado drásticamente costumbres y culturas. Pero desgajado de aquel programa los puntos concretos de las medidas de gobierno, permanece intacta la fuente de su inspiración: el amor profundo a esta tierra y a sus habitantes, a cuyo destino supo unir el suyo en las horas más amargas de la historia nacional.
A un paso de la presidencia, que se hizo más corto aún luego de completar el segundo escrutinio de los votos, Wilson puso el hombro para sostener un gobierno contaminado por la inconstitucional campaña reeleccionista del entonces presidente Jorge Pacheco Areco, quien, gracias a ese ardid, pudo imponer a su delfín Juan María Bordaberry. Jaqueado por la guerrilla tupamara, que llevó a no pocos votantes blancos a sufragar por el coloradismo que entonces se presentaba como la víctima predilecta de los violentos, el Uruguay se iba deslizando hacia un régimen de fuerza que no demoraría en llegar.
Consciente de ese riesgo, y ante la división que vivía el Partido Colorado por el aliento de algunos sectores al golpe militar, Wilson buscó con desesperación evitar la instauración de la dictadura. Primero otorgó las potestades legales pedidas por el gobierno para enfrentar con eficacia a la guerrilla envalentonada que quería implantar una dictadura de izquierda, y luego dejó abierta la posibilidad para que una salida política negociada permitiera, dentro de la Constitución, una necesaria oxigenación política en el país, capaz de contener los espíritus más enardecidos por la guerrilla fuera de aparente control.
Nada de eso fue posible. Los dados estaban echados en el ocaso de una partida que aún debe recrearse en forma completa. Esporádicamente aparecen revelaciones, datos, indiscreciones, que permiten recomponer fragmentos de aquel mosaico. Personajes y situaciones aún permanecen bajo el velo de la reserva, que muchos todavía observan para no dejar al descubierto los pliegues menos honorables de aquellos episodios que dejaron honda huella en la historia nacional.
Un razonamiento similar cabe aplicar al proceso de salida de la dictadura, teñido por las mismas opacidades que signaron al de entrada. En ambos casos, el sacrificio de Wilson formó parte del guión que otros escribieron. Quizás allí esté encerrado mucho más que simples movimientos de peones y alfiles en el tablero del poder. De pronto está dibujado el fresco completo de un cierto modo de ser uruguayo, en el que no hay cabida –no puede haberla, claro- para personajes de la talla de Wilson.
Ferreira Aldunate se sobrepuso a todo eso. Sintió la muerte cerca de su carne, vivió el horror del asesinato cobarde de dos entrañables amigos –Michelini y Gutiérrez Ruiz- con quienes compartió el amargo pan del exilio. Nada de eso le impidió defender ante la comunidad internacional el buen nombre del Uruguay, manchado por quienes se adueñaron del poder y cometieron todas las tropelías imaginables que sólo una dictadura absolutista puede amparar.
El resto es historia más reciente, pero en ella el protagonismo de Wilson estuvo marcado por la misma impronta que lo llevó a ser el enemigo número uno de la dictadura, así como el más duro defensor de la legalidad cuando ésta aún tambaleaba.
No hay en el Uruguay de hoy quien quiera poner distancia con Wilson. Incluso aquellos que se aprovecharon de su hondo sentido patriótico cuando dispusieron inconsultamente de su destino, hoy lo levantan como prenda de paz y de concordia.
Esa es, en el fondo, la gran victoria de Wilson en la historia uruguaya. El haber superado hace ya tiempo las fronteras de su Partido Nacional, para ser un símbolo común de la dignidad, la bandera que a todos cobija cuando se busca el horizonte de la libertad y la justicia.
(*) Periodista. Colaboración especial para Reconquista.
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