El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

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miércoles, 18 de julio de 2012

Quemá esas cartas


Por Graziano Pascale (*)

Las cartas de Astori y Vázquez ("Me equivoqué"; "Nos equivocamos") constituyen el último recurso de relaciones públicas para manejar la crisis abierta tras la liquidación de Pluna S.A. En un desesperado intento por apagar el incendio generado por ese desastre político, las dos figuras más importantes del Frente Amplio respondieron de ese modo la movida del presidente Mujica de instruir a la bancada parlamentaria para enviar todos los antecedentes del caso a la justicia del Crimen Organizado.

Es una crisis de proporciones gigantescas. Fracasaron todos los intentos de rutina para controlarla. Primero la negación (las sonrisas burlonas del ministro Rossi cuando acudía a los llamados del senador Moreira), luego la defensa en bloque de todo lo actuado, después la intervención de Pluna S.A. con el desplazamiento y el pago de "despido" a Campiani, acto seguido la farsa del "interés" de Jazz, luego la liquidación y la burda mentira de los juicios en Brasil, hasta llegar a las dos cartas de las últimas horas.

Han sido días vertiginosos, y el desenlace de esta crisis contrasta con el que tuvo la del año 2002, manejada por el presidente Batlle. Es probable que sus consecuencias políticas, sin embargo, sean similares.

La diferencia entre los dos episodios, sin embargo, estriba en la extendida sospecha que existe hoy sobre el posible alcance delictivo que algunos tramos del proceso que termina con la liquidación de Pluna pueden llegar a tener. Cabalgando sobre la misma, se exhuma en estos días la recordada frase del entonces senador Mujica sobre la poca confianza que le inspiraba Campiani ("no me gusta la cara"), y comparece en escena el vocablo "vaciamiento", pronunciado con serenidad por la senadora Topolansky.

La otra diferencia -aunque matizada por algunas revelaciones contenidas en el libro "Con los días contados" de Claudio Paolillo- radica en la fractura que el affaire de Pluna ocasionó en el Frente Amplio. El cierre de Pluna, en vísperas de las vacaciones de julio, fue, desde el punto de vista político, la peor salida en el peor momento. Difícil imaginar una coyuntura en la que las consecuencias del desastre puedan haber sido mayores.

Detrás de bambalinas, fuera de la vista y también de los oídos de la mayoría, se procesa un "ajuste de cuentas" en el oficialismo de proporciones épicas. Lo único seguro es que en esa trifulca que ocurre en estas mismas horas, entre el torrente de reproches y acusaciones cruzadas, hay dos palabras que nadie pronuncia: "Varig" y "conectividad".

(*) Periodista

sábado, 14 de julio de 2012

PLUNA será historia


Por Daniel Bianchi (*)

Tras suspender en principio los vuelos en forma indefinida, el gobierno que encabeza el Presidente de la República, José Mujica, declaró en quiebra a la aerolínea de bandera uruguaya, PLUNA, y el lunes de la presente semana, 9 de julio, presentó un proyecto de ley al Parlamento Nacional por el cual se aprueba el remate de los aviones de la empresa estatal y se traspasan las frecuencias y las líneas a una empresa privada.

La causa fundamental de la quiebra es la mala situación económico-financiera, cuyo pasivo asciende a más de 300 millones de dólares, sin tomar en cuenta algunos aspectos judiciales tales como los juicios que PLUNA enfrenta de parte de los trabajadores de su ex socia VARIG, sobre cuyas cifras el gobierno y la oposición, y ni siquiera el propio gobierno internamente, se ponen de acuerdo.

La asociación de PLUNA con el Consorcio Leadgate, cuya figura principal es el empresario argentino Matías Campiani, fue promovida durante el año 2006 por el entonces Presidente de la República, Tabaré Vázquez, junto al entonces ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori -actual Vicepresidente de la República- y el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, y se concretó en el año 2007.

Pero si bien el proceso de disolución de una empresa que soportó épocas buenas, regulares y malas desde su fundación el 20 de noviembre de 1936 -por los hermanos Jorge y Alberto Vázquez Vaeza, que para desarrollar su emprendimiento contaron con el apoyo técnico y financiero de quien por entonces era el Embajador de Gran Bretaña en nuestro país (1934 - 1941), Sir Eugen Millington Drake, activo participante en la vida social de nuestro país, y decisivo para que el gobierno uruguayo obligara a retirarse del puerto montevideano al buque alemán “Almiral Graf Spee” durante la Batalla del Río de la Plata- acoge un dejo de tristeza, lo que llama la atención es la forma de proceder del gobierno nacional.

Horas antes, el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, en su comparecencia ante la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara Baja -permítasenos la digresión de señalar que, curiosamente, en esta oportunidad ni Mujica ni el inefable Prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa, aparecieron- había hecho el anuncio, el triste anuncio, que de ninguna manera se llevaría adelante una revisión presupuestal para hacer frente a la crisis, ya que PLUNA S.A. era una empresa privada y no correspondía que el Estado se responsabilizara por el déficit que hubiera generado.

Pero, tal vez lo más grave, sea que el ministro anunció que, tras la subasta de siete aviones de la aerolínea, la prioridad será el pago a los acreedores hipotecarios, y luego de los créditos laborales. Pero, de esta forma, ni la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (ANCAP), ni el Banco de la República Oriental del Uruguay (BROU), recuperarán los 28 y 19 millones de dólares que se les deben, respectivamente, ni -lo que es aún mucho peor- los 70.000 pasajeros que habían comprado sus pasajes adelantados a un costo de alrededor de 7 millones de dólares, recuperarán su dinero.

El Estado uruguayo no asumirá su deuda.

Y de tal suerte, la imagen de honradez forjada en la fragua de años de buen comportamiento crediticio que durante décadas caracterizó al gobierno de Uruguay, se ve derribada, sin pena ni gloria, de la noche a la mañana.

Y como si todo ello fuera poco, el proyecto de ley -que el Senado de la República consideraba este miércoles para trasladarlo luego a la Cámara de Representantes, que comenzaría su discusión el próximo lunes 16- no especifica la situación jurídica en la que quedarán los empleados que deberán realizar mantenimiento en aeronaves.

Mientras tanto, el Gobierno no sólo no asume responsabilidades, sino que, además, se niega rotundamente a llevar adelante cualquier tipo de investigación. Y ello a pesar de que la propia senadora oficialista, Lucía Topolansky, admitió que lo de PLUNA era un “vaciamiento”.

Curioso proceder para quienes, no hace tanto tiempo, reclamaban transparencia y honestidad.

¡Cuánta mala memoria!

(*) Médico. Representante Nacional por el Departamento de Colonia (Vamos Uruguay-Partido Colorado)
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