El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

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miércoles, 8 de agosto de 2012

No me peguen, soy batllista


Por Carlos Flores

En las elecciones internas de 1999 el 55 % de los votos del Partido Colorado fueron para la Lista 15 liderada por Jorge Batlle y el 44% para el Foro Batllista liderado por Julio Sanguinetti. En las del año 2004 los dos sectores se unen y obtienen el 90 % de los votos. En las internas del 2009 aparece un nuevo sector, Vamos Uruguay, que triunfó con el 72% de los votos colorados, contra el 14% de la Lista 15 y el 12% del Foro Batllista (Lamas obtuvo el 0,6% y los demás precandidatos con el 0,2%).

Luego de éstas últimas ambos sectores se reunifican sin la presencia de sus respectivos líderes históricos; lo que ocurre después es, al menos, curioso.

Tras la aparición de un liderazgo emergente como el de Pedro Bordaberry hay un cernidor por el que uno pasa y al final le estampan un sello en la frente que dice “batllista” o “no batllista”. Yo no sé que soy, fíjese usted.

Tras esta última elección que ganó por amplia mayoría Vamos Uruguay, por primera vez la Secretaría General se ejerce en forma rotativa. Desde que asumió el actual Comité Ejecutivo Nacional hubo tres secretarios generales: el primero en asumir fue  Pedro Bordaberry por haber obtenido esa mayoría; un año después puso a disposición su cargo en el entendido que no era buena la concentración del poder en una sola persona y asumió el senador Ope Pasquet, quien al culminar su primer año siguió la misma línea para que asuma Martha Montaner (tan inédito es esta rotación como el hecho que una mujer ocupe ese cargo en cualquier partido político del Uruguay; después vendría la senadora Xavier a presidir el FA). El CEN se reúne semanalmente, cosa que no ocurría, y la Convención Nacional se ha reunido más veces en lo que va del actual período que todas las veces que se había reunido en los últimos dos. Se procesó el Congreso Ideológico y se cumplieron todos los cometidos previstos en la Carta Orgánica.

Desde su rol de opositor el Partido Colorado asumió como asunto político la coparticipación en los cargos de gobierno cedidos por José Mujica. Fue así como todos los sectores representados en el CEN aceptaron hacerlo tras la firma de un acuerdo multipartidario y fue así como fueron ocupados por representantes de los mismos.

A la hora de abandonarlos se eximió de la posibilidad de imponer la decisión por mayorías en el Comité Ejecutivo por lo cual sólo aquellos representantes de Vamos Uruguay renunciaron a los directorios de los entes públicos.

Sin embargo, se dice en el propio partido que el “batllismo” es minoría. ¡Mirá vos!

Le voy a confesar: tengo un problema. Así las cosas no sé si soy batllista.

He visto incrustada una frase de Batlle y Ordóñez en la Casa del Partido que dice “La historia de las asambleas es la historia de la Libertad”. Esta está en la Sala de Convenciones a la que se me convoca con más frecuencia que antes, cuando los sectores denominados batllistas, unidos o separados, conducían los órganos partidarios.

He participado ahí en actividades presididas por su Secretaria General, que es del género femenino -por eso es secretaria y no secretario-, que me recuerdan los derechos a la educación por los que luchó el fundador del batllismo, al divorcio por sola voluntad de la mujer y hasta a los artículos de “Laura”, seudónimo con el cual el viejo Batlle firmaba sus notas en El Día. Tampoco lo había visto antes.

Por último, he escuchado y repetido esas máximas que se le atribuyen al pensamiento de Batlle y Ordóñez que dicen que no es lo mismo unidad que unanimidad y que en la vida democrática debían respetarse las distintas posiciones con tolerancia, incluyéndose las de las minorías. Y desde ese lugar he visto, con satisfacción y un poco de regocijo - debo reconocerlo - como algunos sectores han permanecido en los cargos y el mío no.

Pero parece que no soy batllista. ¡Qué macana!

sábado, 28 de julio de 2012

Homenaje del Semanario Reconquista a Renán Rodríguez


Hoy se cumplen trece años de la desaparición física de Renán Rodríguez (1912-1999). Parlamentario, ministro, periodista, presidente de la Corte Electoral; colegialista inclaudicable y batllista hasta la médula, sirvió a la República y al Partido Colorado con brillantez y absoluta honestidad. Como a tantos grandes hombres y mujeres de nuestra historia, su nombre resuena lejano para las nuevas generaciones. Por eso, recordarlo en este día es un acto de justicia, pero también una señal de compromiso y fidelidad con los valores y principios que supo representar. 

Vaya desde aquí este humilde recuerdo. 



viernes, 27 de julio de 2012

Homenaje del Semanario Reconquista a Eduardo “Lalo” Paz Aguirre


Hoy se cumplen 25 años de la desaparición física de Eduardo Paz Aguirre. Edil, diputado y senador de la República, Lalo, como lo llamaban sus amigos, nació en el Departamento de Durazno, el 13 de febrero de 1928. Hombre de vasta cultura, cursó estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

Desde muy joven se dedicó a la política, iniciándose en la función pública como secretario político del entonces Presidente de la República Luis Batlle Berres. Luego fue Edil por el departamento de Montevideo en el período 1954-1958, desempeñando ese último año la Presidencia del Cuerpo.

Continuando con su carrera política, resultó electo diputado en el año 1958 por la Lista 15 y senador en 1966 por el sector Unidad y Reforma, banca que mantuvo hasta las elecciones de 1971. El golpe de Estado lo encuentra desempeñando la primera vicepresidencia del Senado, y once años más tarde, luego de la caída del régimen militar, es electo nuevamente senador por la Lista 15.

Como periodista ocupó el cargo de redactor político del diario Acción y del semanario Opinar. A partir de setiembre de 1985 asume la co-dirección del diario La Mañana. El 28 de julio de 1987 fallece en la Ciudad de Buenos Aires.

El próximo lunes 30 de julio, a las 14 horas, el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado le rendirá homenaje, colocando un cuadro fotográfico en su honor en la Casa del Partido.

El Semanario Reconquista se congratula de este justo y merecido homenaje e invita a nuestros lectores a participar del mismo.

domingo, 22 de julio de 2012

Historias sin glamour


Por Ope Pasquet (*)

No han de ser muchos, supongo, los lectores de esta nota que hayan estado alguna vez en Las Toscas de Caraguatá. Es una pequeña localidad del departamento de Tacuarembó, ubicada sobre la ruta 26 a  poco más de 100 km de la capital departamental, no muy lejos del límite con Cerro Largo. Hasta allí fuimos para rendir homenaje a la memoria del Dr. Eduardo Velázquez Guido, médico que ejerció su profesión en la zona durante varias décadas, poniendo de manifiesto al hacerlo esa vocación de servicio característica del arquetipo de médico rural querido por toda la comunidad, que el Dr. Velázquez Guido supo encarnar a cabalidad. Se embanderó con los ideales del Batllismo y fue el referente colorado en esos pagos de los que decir que son “blancos como hueso de bagual”, es decir poco… En el lugar donde todos lo querían el buen doctor nunca ganó una elección, pero no por eso arrió su bandera. Nos pareció oportuna y feliz la propuesta de evocarlo y rendirle homenaje, formulada por el Dr. Yamandú Rodríguez, porque en un año en el que el Partido Colorado realizará su tercera elección juvenil desde el 2007, es justo hacer una pausa para recordar a quienes lo han servido con honor. El Partido Colorado no es un agrupamiento electoral circunstancial, sino una sucesión no interrumpida de generaciones que desde los orígenes de la república están empeñadas en hacer país. Estos homenajes expresan esa fecunda continuidad y preparan el surco para la siempre renovada siembra juvenil.

Al pasar por la ciudad de Tacuarembó aprecié una vez más el bien que le ha hecho el desarrollo de la forestación. La madera es materia prima para aserraderos y fábricas de “pallets” y paneles, los residuos agroforestales nutren una usina generadora de energía eléctrica y estas y otras actividades afines demandan servicios de transporte y dan trabajo a talleres metalúrgicos que reparan vehículos y maquinaria, fabrican herramientas y construyen galpones de chapas metálicas. En la base de todo esto está la Ley Forestal de 1987, que tuve el honor de votar como diputado y que tan importante ha sido y es para el Uruguay de la producción y el trabajo.

Visité uno de esos talleres metalúrgicos y conversé con Agapito Hernández, su dueño. Hernández aprendió el oficio en la UTU, hace cuarenta años, y desde entonces no paró de trabajar. Ha ido comprando máquinas y herramientas con mucho sacrificio, porque para él no es fácil conseguir crédito; se lo ofrecen para comprar un auto cero quilómetro, eso sí, pero para comprar la máquina que él necesita le exigen una garantía inmobiliaria que no puede ofrecer. Hernández no se desalienta ni baja los brazos; tiene demasiado trabajo que hacer, como para perder el tiempo en quejas y lamentos. En un medio donde todos se conocen, su honestidad y eficiencia  atraen clientes que lo mantienen siempre ocupado. Lo ayudan su esposa, que se ocupa de los “trámites y papeleos” (el taller paga impuestos y aportes sociales, como corresponde),  y sus hijos, que junto a un único empleado, veinteañero como ellos, ganan un sueldo mientras aprenden el oficio de quien lo ha practicado durante décadas.

La historia de Heber “el Piñón” Rodríguez es parecida a la anterior, al menos en lo que a mí me interesa. Rodríguez también aprendió el oficio de soldador en la UTU, en su lejana adolescencia (tiene hoy 57 años). Para asistir a clase tenía que caminar decenas de cuadras. Como su familia era muy modesta y él tenía un solo par de zapatos, que debía cuidar, iba descalzo hasta el local de UTU y se ponía los zapatos para entrar. Así transcurrió su primer año de aprendizaje. Cuando su padre se convenció de que era en serio que el muchacho quería aprender un oficio, le compró una bicicleta para que fuera a clase. Así, con esfuerzo y cuesta arriba, hizo su vida. Se casó dos veces y tuvo tres hijas. Llegó a trabajar como policía, sin abandonar su oficio. Un día pudo dedicarse por entero al taller, y le fue bien. Llegó a tener diez empleados. Se compró su casa en el populoso barrio López, de Tacuarembó, y allí sigue viviendo. También tiene auto. La UTU acaba de contratarlo para que enseñe soldadura a los jóvenes y está  orgulloso de eso que para él es, ante todo, un reconocimiento. Habla de su vida con satisfacción y le gusta recordar que empezó muy abajo y tuvo que hacer muchos sacrificios para llegar donde llegó. Está orgulloso de su esposa, que dice que es tan trabajadora como él, y también de sus hijas, que dice que van por el mismo camino.

Es con gente como el Dr. Velázquez Guido, como Agapito Hernández y como “el Piñón” Rodríguez que progresa el país. Sus historias, sencillas y  sin “glamour”, hablan de trabajo, sacrificio, responsabilidad, familia, honestidad, perseverancia. No es necesario buscar estos valores en los libros; están en la vida de estos y muchos otros uruguayos, cuyo ejemplo cotidiano es la mejor lección para la educación de sus hijos, y buen tema de reflexión para todos.

(*) Abogado. Senador de la República (Vamos Uruguay – Partido Colorado) 

domingo, 15 de julio de 2012

Homenaje del Semanario Reconquista a Don Luis Batlle Berres














A cuarenta y ocho años de la desaparición física de Don Luis Batlle Berres: 

“Al morir Luis Batlle Berres, en 1964, Carlos Quijano escribió en su «tradicional» nota necrológica: «No es al Luis Batlle triunfador en muchas jornadas al que ahora queremos evocar y honrar. Su hora más gloriosa fue la de la derrota. Vilipendiado –la calumnia se lanzó a morderlo- recibió el golpe con ejemplar serenidad. Todo lo había tenido. Todo lo había perdido. No respondió a sus detractores; no se distrajo en lamentos, protestas o críticas. Calló y se contrajo a recomponer sus fuerzas para las nuevas batallas». (Marcha, 17 de julio de 1964). Las «nuevas batallas» se verían coronadas por otro duro revés electoral en 1962. Cumplía entonces 40 años en la política y 25 años de influencia predominante en el Partido Colorado y en el periodismo y en la vida pública.

En 1947, cuando llegó a la presidencia de la República, contaba ya con una nutrida «carrera política»: había sido activo parlamentario hasta el golpe de Estado de Terra de 1933, y luego, en la legislatura 1942-46, jefe de redacción de El Día, fundador del periódico La Lucha contra la dictadura «marzista», duro opositor al terrismo, exiliado en la Argentina y revolucionario bajo las órdenes de Basilio Muñoz y Tomás Berreta en 1934. En 1959, la fracción que dirigía ganó las elecciones por un abultadísimo margen, lo mismo que en 1954. Perdió en 1958 y en 1962, a pesar de ser el candidato que recogió el mayor número de votos.

Elocuente, enérgico (cuando pudo), Luis Batlle tuvo dos poderes: el del Estado, que puso al servicio de su concepto de cambio, y el que le daba su carisma, con el cual cosechó adhesiones multitudinarias («mi padre era caudillo hasta de espaldas», ha dicho su hijo, el Dr. Jorge Batlle Ibáñez). Su obra gubernativa ameritó que la historiografía nacional individualizara el período mediante los apelativos «neobatllismo», «batlleberrismo» o «postdatabatllista», como lo hizo Real de Azúa en El impulso y su freno. Igual que su tío, José Batlle y Ordóñez, extendió el dominio industrial del Estado: participó decisivamente en la creación de la ANCAP, ANP, OSE, AMDET y AFE. 

La conciencia de estar viviendo una era turbulenta, de transformaciones rápidas, lo impulsó a acelerar las reformas sociales: «apresurarse a ser justo es asegurar la tranquilidad», enfatizó en su discurso de asunción en 1947. Con esto cumplió al crear un organismo destinado a actuar como ente regulador de los precios para los artículos de la canasta familiar (Consejo Nacional de Subsistencias) y al establecer el Instituto Nacional de Colonización para distribuir tierras y promover la tecnificación del agro.

El periodismo como pasión y también como complemento de la actuación política acompañó la vida de Luis Batlle hasta su expiración. «El 22 de octubre de 1948 –anota Santiago Rompani- apareció el primer número de Acción. Radio Ariel, que adquiriera en 1936, a su regreso del destierro, fue una empresa encarada con el mismo criterio periodístico y una indudable orientación política. Durante muchos años atendió personal y directamente una audición difundida en las primeras horas de la mañana. Intervino activamente en todo lo concerniente a ambas empresas hasta el día mismo de su muerte». Según Germán D’Elía, Luis Batlle «fue uno de los primeros políticos que comprendió el valor de la radio como medio de comunicación de masas y la utilizó eficazmente para formar opinión».

Falleció el 15 de julio de 1964, «tiempos de fin y de comienzo», según Quijano. En junio de 1960, Juan Carlos Onetti le había dedicado El Astillero”.

Extraído de Caetano, Gerardo y Rilla, José: “Historia Contemporánea del Uruguay. De la colonia al Mercosur”, Editorial Fin de Siglo, Montevideo, pág. 175


domingo, 17 de junio de 2012

Conferencia del Dr. Jorge Batlle: el liberalismo como esencia del Batllismo




En la Casa del Partido Colorado el ex presidente Dr. Jorge Batlle brindó una charla sobre los orígenes del Batllismo. Luego de hacer varias referencias históricas y sostener que tenemos más vinculación con España que con la Revolución Francesa, identificó muy nítidamente una de las fuentes más importantes del nacimiento de nuestra identidad: la instrucción número tres, de las Instrucciones del año XIII.

Refiriéndose a su colectividad política, el Dr. Batlle sostuvo que “somos un partido liberal porque reconocemos que hay otros que piensan distinto a nosotros y los respetamos en su pensamiento. Pero queremos que ellos también nos respeten a nosotros para asegurarnos nuestra libertad”.

En la charla, ex mandatario sostuvo que Uruguay “hoy más que nunca tiene la necesidad de encontrarse a sí mismo”, porque el país “tiene un gran vacío” y “estamos en un período de transición”. Una vez más volvió a poner en el ojo de la tormenta al sistema educativo y criticó el poder de los sindicatos en esa área


domingo, 10 de junio de 2012

Batlle y el Espiritualismo

Por Gustavo Toledo

En 1956, con motivo de cumplirse el primer aniversario del nacimiento de Don José Batlle y Ordoñez, el diario ACCIÓN editó una publicación en su homenaje (“Batlle. Su vida. Su obra”) conteniendo una serie de monografías de gran valor histórico y formativo. Catorce personalidades de nuestro medio (José Serrato, Antonio Grompone, Ovidio Fernández Ríos, Carlos Rama, Enrique Rodríguez Fabregat, Carlos Maggi, Adela Reta, entre otros) prestaron su pluma a tan valioso emprendimiento, refiriéndose a diferentes aspectos del pensamiento, vida y obra del homenajeado. De todas ellas la más enriquecedora es desde mi punto de vista la del profesor Arturo Ardao dedicada a analizar las ideas filosóficas de Batlle y Ordóñez, por cuanto se encarga de demostrar la falsedad de la filiación positivista que muchos le atribuyeron, y, al mismo tiempo, presenta pruebas concluyentes que indican su adhesión al espiritualismo de base racionalista y en especial su cercanía con el krausismo a través de la obra de Heinrich Ahrens.

Gracias a Ardao, sabemos que el krausismo, un sistema filosófico innovador en el campo del racionalismo espiritualista al que Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832) llamó racionalismo armónico[1], influyó significativamente en la conformación del ideario batllista. Como veremos luego, las pruebas siempre estuvieron a la vista. Sin embargo, hasta mediados del siglo pasado –en rigor, hasta que Ardao se interesó en el tema y disipó las sombras- primó una lectura errónea acerca de las raíces filosóficas de Batlle y Ordóñez, que en algunos casos pretendía emparentarlo con el positivismo, una corriente con la que no sólo nunca simpatizó, sino que además cuestionó y combatió ardientemente en su juventud.     

Como se sabe, con la llegada de los inmigrantes europeos a nuestro país a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, arribaron las corrientes filosóficas en boga por aquel entonces en el Viejo Continente -el positivismo, el socialismo y el espiritualismo racionalista-, que dividieron las aguas de aquella inquieta generación de jóvenes intelectuales que integró Batlle y Ordóñez, junto a figuras de la talla de Eduardo Acevedo, Martín C. Martínez y Juan Zorrilla de San Martín, entre muchos otros. 


Es en esa época que se sientan las bases del pensamiento batllista, y en especial a partir de su cercanía con una de esas corrientes: el krausismo.

Batlle y el krausismo

Para Miguel J.Pujol, un político e investigador argentino interesado en la obra de Don Pepe, el krausismo “fue una respuesta a los movimientos absolutistas y a los socialistas; buscaba modificar el derecho civil en sus aspectos más crudamente individualistas y construir una sociedad donde se mantuvieran los principios del derecho natural, de la individualidad y de la libertad, y en la que la distribución de la riqueza fuera más justa”[2].

El krausismo ingresó en el Uruguay -y en toda América Latina- a través de los representantes belgas de esta corriente. Los trabajos de Heinrich Ahrens (1808-1874) y Guillaume Tiberghien (1819-1901), en especial el primero, conocido principalmente por su obra “Curso de Derecho Natural”, despertaron al mismo tiempo la adhesión de los sectores liberales y el rechazo de los círculos católicos. Uno de los jóvenes liberales “seducidos” por esta corriente renovadora y ecléctica fue precisamente Batlle y Ordóñez, quien tomó contacto con las ideas krausistas a través del profesor Prudencia Vázquez y Vega[3], amigo personal y figura clave en su formación intelectual y filosófica.

Vázquez y Vega dirigió un grupo idealista del que Batlle y Ordóñez formó parte. Se opuso al positivismo por considerarlo defensor de una moral relativista que llevaba a apoyar regímenes autoritarios, como los presididos por el Coronel Lorenzo Latorre y el General Máximo Santos. “Predicaba la supremacía de los principios morales y pedía a los empleados públicos que dejaran de trabajar para tales gobiernos. Confiaba en que la parálisis resultante produciría la caída del gobierno usurpador. Los artículos de Vázquez y Vega subrayaban que el gobierno absoluto y la religión organizada, especialmente la Iglesia Católica, impedían la libertad de conciencia y la soberanía del pueblo”[4].

En “Lorenzo. El mundo intimo del primer Batlle presidente”, un valioso estudio biográfico sobre la figura del General Lorenzo Batlle, su autor, Marcos Cantero Carlomagno, transcribe parte de la correspondencia intercambiada entre Batlle y Ordóñez, su padre y parte de su familia a lo largo del período 1879-1886 -período fermental, y, por curioso que parezca, muy poco estudiado hasta el momento-, en la que se atisban sus tempranas inclinaciones en materia filosófica.

Precisamente, en una carta fechada en París el 2 de mayo de 1880, Batlle y Ordóñez le cuenta a Don Lorenzo su interés en “especializarse” en el “Derecho Natural”. Dos meses después, exactamente, en otra misiva, dirigida en este caso a William Young -esposo de su prima Carolina-, se explaya sobre sus tendencias filosóficas y su impedimento para relacionarse con sus amigos seducidos por el comtismo. “Una de las cosas que al principio me desmoralizaron un poco fue el encontrarme sin amigos con quienes cambiar ideas y recordar lo que se lee en los libros. El que vino conmigo y los que encontré aquí, a pesar de todas mis esperanzas no podían servirme para este objeto, pues aunque no les falta ni inteligencia ni dedicación al estudio, las ideas positivistas de Auguste Comte, que con un poco de precipitación, a mi modo de ver, han admitido, los ponía con una situación tal con respecto a mí, creyente en la metafísica, que toda comunicación degeneraba en discusión y toda discusión en disputa”, le escribe. Y, más adelante, agrega: “Mi padre siempre me ha reprochado, en parte con mucha razón, que no sea bastante metódico. Me acusa de leer muchos libros. Yo creo también […] bueno y dedicándose a profundizarlo bien se saca mucho provecho; pero me ha sucedido siempre (y particularmente ahora último, en Montevideo, con un curso de Derecho Natural de un autor alemán) el verme arrastrado, por la lectura atenta de un buen libro, a estudios superiores a mis fuerzas por su extensión y asunto, de modo que el remedio es lo que da más energía a la enfermedad”. El libro al que Batlle y Ordóñez se refiere es justamente el de Heinrich Ahrens.

Luego de cumplida su primera presidencia (1903-1907) y poco antes de partir a Europa, consultado por el joven diputado socialista Alfredo Palacios sobre qué libro había influido más en su formación, Don Pepe no tuvo inconveniente en admitir que había sido justamente esa obra: “el Curso sobre Derecho Natural de Ahrens”.

Digo más: en su libro sobre Batlle y Ordóñez (“Batlle, héroe civil”), Justino Zavala Muñiz subraya que “su espíritu se nutre en la lectura y reflexión de un libro que él recordará siempre como la fuente más fecunda de su pensamiento político: ‘El Derecho Natural’ de Ahrens, profesor de la Universidad de Bruselas, (que) orientará desde entonces su criterio sobre el Derecho y le servirá muchas veces de guía en su vida”[5].

Ardao se hizo eco de este testimonio consignándolo en su obra "Espiritualismo y positivismo en el Uruguay" (1950) y luego en "Batlle y Ordóñez y el positivismo filosófico" (1951) en el que cita varios testimonios relevantes sobre este punto y aporta uno especialmente valioso, la copia facsimilar del autógrafo de Batlle, estampado en el libro de Ahrens: “Este ejemplar de la obra de Ahrens me ha sido regalado por Areco. Es un obsequio que aprecio mucho, porque en esta gran obra he formado mi criterio sobre el derecho y ella me ha servido de guía en mi vida pública” (J.B.O. 1913)[6].

Pero esta obra no apareció sola, como un libro aislado, sino que “formaba parte de un conjunto de textos filosóficos en los que predominaba la teoría de una sociedad más libre, con hombres y asociaciones que podían encontrar, gracias a su voluntad y a su razón, casi siempre en lucha con el poder y dogmatismos que no querían conciliarse con la autonomía humana, nuevos caminos para propuestas de justicia. Ahrens es, naturalmente, impensable sin el krausismo, y sólo con él las páginas de su libro se iluminan adecuadamente”[7].

Para el profesor Luis V. Anastasia, “el contenido fundamental de los prefacios de Ahrens a su ‘Curso’, como tantos textos de Krause y de Tiberghien, como el compromiso intelectual y político de los jóvenes de la Generación del Quebracho, y de Martí, de Hostos, de Francisco Madero, de Irigoyen, trae al centro de la reflexión una grave situación política, una perturbación, un ejercicio antihumano del Estado a través de algunas de  sus formas de poder. Y trae también la necesidad de responder a ese poder y a sus medios violentos […], no sólo con el recurso extremo de la revolución, de un movimiento de resistencia global, sino sobre todo con el proyecto de otra sociedad, de una revolución sostenida a lo largo del tiempo –Krause la llama orgánica-, creadora de mejores formas de vida, abierta a todas las discusiones sobre su carácter y su destino y abierta a todas las formas de asociación pacífica para realizarla”. Y subraya luego: “en medio de un mundo perturbado, el krausismo aporta una visión integral, sistémica y sistematizadora, que le permite ir a un objetivo político y social que en verdad es un fin ético. […] La teoría consiste en la justicia adoptada como principio general del derecho. Una justicia que asegura el orden exterior en las diferentes tendencias de la sociedad, que asegura a todos los ciudadanos espacios libres de expresión y de lucha legítima en el marco de la ley que garantiza el sufragio. Sin esta forma primera de la justicia, la justicia del libre acceso de todos, para el logro de fines, la justicia de la representación democrática, no podrá haber acceso a otras formas de justicia. Cuando Batlle dijo: ‘Nuestra obra es de justicia para todos…’, se estaba refiriendo en primer término a esta justicia fundacional y de apertura a las otras formas de justicia, y estaba nuevamente citando la fuente filosófica que lo inspiraba”[8].

Volviendo a Ardao, según él “es forzoso” tomar la obra de Ahrens como la principal fuente de inspiración de Batlle y Ordóñez en el campo de la filosofía práctica, por cuanto “el citado autógrafo resulta confirmado al confrontarse su acción de político y de estadista con el contenido doctrinario de aquella”.

Desconocer la verdad que emana de los hechos constituye un grave error, que no sólo alimenta desgraciadas y reiteradas confusiones acerca de las bases del ideario batllista y el propósito que animó a su impulso reformista, sino que habilita a establecer falsos parentescos y asociaciones erróneas como las que algunos insisten en realizar entre el batllismo y el positivismo o entre el batllismo y el socialismo marxista.

Por todo esto, rescatar este trabajo del profesor Ardao y compartirlo con nuestros lectores constituye un pequeño aporte para la debida comprensión del pensamiento batllista, así como el de su descendencia también influido por los preceptos krausistas. Un aporte pequeño, reitero, pero necesario en tiempos de relativismo moral y materialismo hegemónico como los actuales, en los que reina el desconcierto y cualquiera se proclama batllista. Volver a las fuentes, por tanto, es la mejor forma de recobrar el Norte y caminar en la dirección correcta.


Para bien de la República, y en especial para bien "de nuestros hijos y los hijos de nuestros adversarios".


[1] Pujol, Miguel J.: “Batlle. El Estado de Bienestar en el Río de la Plata”, Catálogos, Buenos Aires, 1996, pág. 29
[2] Ídem, pág. 29
[3] “Prudencio Vázquez y Vega nació el 18 de abril de 1853 en el Avestruz, jurisdicción de Cerro Largo. Después de cursar los estudios escolares, se trasladó a Montevideo e ingresó a la Facultad de Derecho. Inclinado a los estudios filosóficos, se vincula al racionalismo espiritualista, del que se convierte en su figura más representativa por la vehemencia y el apasionamiento con que combatió al positivismo. Integra varios de los centros culturales que florecieron en esa época: el Club Universitario, al que ingresó en 1872, Club Fraternidad, Club Literario Platense, Club Joven América, Sociedad Filo-Histórica y Sociedad de Estudios Preparatorios. El 15 de setiembre de 1877, al constituirse el Ateneo, suscribió sus bases como delegado de la Sociedad Filo-Histórica y del Club Literario Platense. No fue indiferente a la lucha política; el 13 de octubre de 1878, al fundarse “La Razón”, periódico opositor al gobierno de Latorre, compartió su redacción con Daniel Muñoz, su director, Manuel B. Otero y Anacleto Dufort y Alvarez. Desde sus columnas, su prédica filosófica se dirigió a la impugnación del cristianismo y de las religiones positivas. Colaboró ese mismo año en El Espíritu Nuevo, que dirigían Teófilo Díaz y José Batlle y Ordoñez, su íntimo amigo. En mayo de 1879, fue creada a iniciativa suya la Sección Filosófica del Ateneo, de la que fue su primer presidente. Desde el año anterior, estaba a su cargo el Aula de Filosofía de la institución. El 3 de julio de 1881, egresó de la Facultad de Derecho, doctorándose con la tesis: Una cuestión de moral política, tema que constituía el fundamento de su actitud, contraria a toda colaboración con gobiernos que como el de Francisco A. Vidal, no provinieran de la libre elección popular. Al año siguiente, enfermo, se trasladó a Minas donde falleció el 7 de febrero de 1883. José Batlle y Ordoñez trasladó su cadáver a Montevideo; se lo veló en el Ateneo. [Colección de Clásicos Uruguayos, Volumen 93, “Prudencio Vázquez y Vega. Escritos Filosóficos”, Biblioteca Artigas, Montevideo, 1965, pág. XXI]
[4] Vanger, Milton: “El país modelo. José Batlle y Ordóñez 1907-1915”, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1980, pág. 311
[5] Zabala Muniz, Justino: “Batlle. Héroe civil”, Colección Tierra Firme, Fundación de Cultura Económica, México, 1945, pág. 28
[6]  Andreón Roberto, “Humanismo Batllista”, Arca, Montevideo, 1996, pág. 31
[7] Anastasía, Luis Víctor: “La ideas filosóficas que influyeron en la formación del Uruguay Contemporáneo. Krause-Ahrens-Tiberghien. Estudios y selección de textos”, Serie de Cuadernos Fundación Prudencio Vázquez y Vega, Montevideo, 1988, pág. 24
[8] Ídem, pág. 25


jueves, 5 de enero de 2012

Murió un demócrata: Juan José Zorrilla

El vicealmirante retirado se opuso al golpe de Estado de 1973 al organizar el cerco de la Armada a la Ciudad Vieja.
A los 91 años de edad falleció este jueves el vicealmirante (r) Juan José Zorrilla, responsable del cerco a la Ciudad Vieja en el año 1973, para resistir el levantamiento del Ejército y de la Fuerza Aérea. Estas unidades militares se habían alzado contra el presidente Juan María Bordaberry por su decisión de designar al general retirado Antonio Francese como ministro de Defensa Nacional.
Empleando ómnibus y otros vehículos, el militar ordenó armar un cerco entre la Rambla a la altura de la calle Juan Carlos Gómez y el Puerto. 
“Ellos estaban contra el ministro, dijeron que a ese ministro no lo obedecerían. Comenzaron a mover tropas y tanques por la cuidad y nosotros no teníamos conocimiento. No me habían comunicado nada, hicimos un reunión y se resolvió hacer el cerco ese en la Ciudad Vieja y los barcos que salieran fuera del Puerto”, afirmó Juan José Zorrilla al Diario Norte en el año 2009, en el marco de su nombramiento como ciudadano ilustre de Rivera (departamento del que era oriundo) por parte del entonces intendente Tabaré Viera.
La medida no causó el efecto esperado y el cerco fue levantado al día siguiente. Eso motivó a Zorrilla a renunciar a su cargo.
Con el retorno a la democracia en 1985, fue electo senador por el Batllismo Unido entre 1985 y 1987. Fue además embajador ante el Vaticano, entre 1987 y 1990.
Su muerte no sólo nos llena de pesar a los batllistas sino también a todos los demócratas de nuestro país. Nos queda, para siempre, su ejemplo de dignidad y coraje, y el orgullo de que haya sido uno de los nuestros.
Que en paz descanse.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Don Luis

Por Gustavo Toledo
Este 26 de noviembre se cumplen 114 años de nacimiento de don Luis Batlle Berres. Para los colorados, su figura ocupa un lugar importantísimo en el Olimpo de nuestros grandes hombres y mujeres. Nieto del general Lorenzo Batlle, sobrino de don José Batlle y Ordóñez y padre del doctor Jorge Batlle, don Luis fue mucho más que un dirigente político. Fue y sigue siendo un ejemplo de conducta y entrega al país.-
A lo largo de su vida política (que inició al lado de su tío Pepe y en la que supo de triunfos y de fracasos), sirvió a la república con honradez y sentido de la responsabilidad. Su mensaje fue siempre claro: defender las instituciones, afianzar la libertad y crear trabajo para los uruguayos apoyando a la industria nacional.-
Como se sabe, don Luis accedió a la Cámara de Representantes en 1923 y permaneció en ella hasta el golpe de Estado de 1933. Con el retorno a la democracia, en 1942, fue reelecto diputado y designado presidente de esa Cámara, en la que se mantuvo como tal hasta 1946.-
En las elecciones de ese año, con cincuenta años de edad, secundó a don Tomás Berreta en la fórmula presidencial del Batllismo, la que fue coronada con el voto mayoritario de la ciudadanía. Así, presidió primero el Senado y la Asamblea General, pasando a ocupar la Presidencia de la República luego de la muerte de don Tomás, el 2 de agosto de 1947.-
Fue electo Senador para el período 1950-1954 y Consejero Nacional de Gobierno en 1954, presidiendo este cuerpo durante el primer año de su mandato. Senador electo en 1958, ocupó este cargo hasta 1962 y en esa fecha fue electo Consejero Nacional como representante de su querida Lista 15. No obstante, optó por el cargo de Senador para el que también se había postulado.-

Como parlamentario tuvo una destacada actuación en la promoción de importantes leyes naciones, tales como la de Creación de ANCAP en 1931, y la creación de la Fuerza Aérea Uruguaya y de la Escuela Nacional de Aeronáutica, así como la Ley de Municipalización del Transporte Colectivo de Pasajeros, la adquisición de la Compañía de Aguas Corrientes y de la Compañía Inglesa de Ferrocarriles. Pero lo que más lo destacó fue sin duda alguna su constante y decidido impulso a la industria nacional.-

Paralelamente a su actividad política tuvo una intensa actividad como periodista siendo Jefe de Redacción y Secretario General del diario “El Día”; en 1936 fundó Radio Ariel, actual CX 10, y el diario Acción en 1948.-

La ex senadora Alba Roballo escribió en recuerdo a su figura que “fue un revolucionario sin abandonar jamás sus amados métodos democráticos. Decía a los jóvenes que le temieran a ninguna idea nueva, pero que defendieran con unas y dientes a su libertad; él que fue glorioso «maquí» y guerrillero en la década oscura de 1933 y el más audaz reformador social a lo largo de su vida”.

Precisamente, pocos recuerdan que tras el golpe de Estado de Terra, don Luis fue detenido en el cuartel de Bomberos y luego deportado al Brasil, que se instaló con su esposa e hijos –Jorge, Luis y Matilde- en Buenos Aires, en un modestísimo apartamento y ambos vivieron días amargos cuando Luis, el hijo del medio, de apenas 3 años de edad, enfermó gravemente. Así, don Luis dividió su tiempo entre una valiente oposición al régimen de facto –participó en los preparativos de la intentona armada que encabezara el caudillo blanco Basilio Muñoz- y la atención a las necesidades básicas de su familia.-
Tampoco se recuerda (o no se sabe), como bien relató el general Liber Seregni al periodista Alfonso Lessa a mediados de los noventa, que “hubo un momento muy crítico en el verano del 58 al 59, cuando se corrió la voz que el Partido Colorado no iba a entregar el gobierno. Y que en el Ejército se estaba creando el apoyo para negarse a la entrega del gobierno. Yo era coronel y me consta que algún desubicado –que siempre hay- le planteó a don Luis la posibilidad de entregar el gobierno y don Luis lo sacó a patadas en el culo (sic)”.-
Tras la debacle electoral de 1958, no se amilanó. Aun con la salud menguada, siguió luchando por su partido y por el país hasta el último día de su vida. Como lo hacen los líderes de verdad, con la mirada puesta en el futuro.
Ese fue Luis Batlle Berres (Luisito para sus miles de seguidores; don Luis, para sus compañeros de tarea; Batlle, para su esposa, doña Matilde Ibáñez): un demócrata sin fisuras. Un estadista con mayúsculas. Un batllista de ley. Un colorado que enorgulleció y enorgullece a sus correligionarios y a todos los uruguayos. Un espejo y un ejemplo para todos.
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