El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

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martes, 14 de mayo de 2013

Ni más ni menos de lo mismo


Por Diego Martínez (*)

Montevideo necesita un salto cualitativo.

La gente no votará más de lo mismo. Más de lo mismo es FA. Más de lo mismo es candidatos blancos y colorados destinados a perder. En ese esquema, en el que además no hay balotaje, de nuevo gana el FA. Tampoco votará menos de lo mismo. Quiere votar algo diferente. Un cambio real.

La gente aguarda señales gruesas de cambio real para la gestión de la capital del país. Siente que merece algo diferente a esta propuesta que lleva veintitrés años de impuestos, placitas y repartijas. Y algo diferente también a la aceptación de esa supremacía por los partidos opositores elección tras elección.

Definir un acuerdo, con programa único y candidaturas que reflejen la diversidad natural desde la cual se geste una alternativa posible, es algo serio en lo que trabajan dirigentes lúcidos de los partidos opositores.

Sin duda existe desde hace tiempo un reclamo extendido para que se genere algo en ese sentido. Y esa visión, rebelde, hastiada, aún soñadora, no perdonaría que quienes hoy por hoy tienen a su cargo la conducción de los partidos de oposición, frustren la oportunidad de alcanzar una alternativa por su incapacidad para llegar a un entendimiento.

Del mismo modo que Montevideo está harta de la basura desbordante, también la basura está harta de la incapacidad de sus gobernantes. Es algo que funciona bien en todos los departamentos menos en la capital del país. Es que los residuos son riqueza a aprovechar, se vuelven basura cuando desaparece la inteligencia y la voluntad para destinarlos adecuadamente.

Se tratará además, de un entendimiento de la nueva generación política, que quiere dar a entender que concibe la política de otra forma, en base al entendimiento, a la pragmática y a lo programático. No a lo ideológico. En base a la vinculación y no a la separación. Del mismo modo que la basura no es un tema de izquierdas y derechas, tampoco es un tema de blancos allá, colorados acá.

Hay que darle una oportunidad a este acuerdo.

(*) Secretario General Movimiento Arriba Corazones, Lista 10 MIL, Vamos Uruguay

lunes, 17 de diciembre de 2012

El derecho a integrar la clase media


Por Diego Martínez (*)

En un reciente trabajo de personal del Banco Mundial (a publicarse en 2013), se sostiene que cerca de cincuenta millones de personas salieron de la pobreza en América Latina entre 2000 y 2010. Esto implica que actualmente la región posee cantidades equivalentes de personas en la clase media  y en la pobreza, cuando una década atrás la cantidad de habitantes en situación de pobreza representaba 2,5 veces a quienes integraban la clase media. Realmente,  importante.

Tradicionalmente sociólogos y economistas han utilizado conceptos diferentes para definir la clase media y así los primeros se basan en paradigmas conectados, entre otros, a los niveles educativos, mientras los economistas se apoyan en los niveles de ingresos. También está presente una clásica conceptuación sociológica de “grupos de referencia y de pertenencia”, que permitiría evaluar con más herramientas situaciones de la realidad que no terminan de conjugar con alguna de las categorías en juego (hay personas cuyos ingresos equivalen a los de los sectores medios aunque sus valores de referencia continúan siendo los de la pobreza, del mismo modo que habitantes con ingresos bajos mantienen y cultivan referencias de la clase media). Pero el estudio al que aludimos –que será en breve tiempo el libro “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”-  crea, incorpora al análisis, un concepto que trasciende los habitualmente aplicados y se posiciona en el factor de seguridad económica como definidor del perfil de la clase media.

En otras palabras, la clase media se define en esta visión, por una estabilidad de sus miembros capaz de soportar perturbaciones que puedan hacerlos caer en la pobreza o retornar a ella. Actualmente, según el estudio de referencia, un 30% de la población de América Latina integra la clase media y un 37,5% ha salido de la pobreza, posee ingresos medios,  pero aún no integra la clase media pues existe probabilidad que sufra episodios de pobreza en el futuro. Por ello el trabajo llama a este sector social “vulnerables”.

Una hasta ahora selectiva, y generalmente mal interpretada herramienta de política social, el seguro, podría ser el empujón virtuoso que de una vez por todas haga ingresar a la clase media a millones de personas. 

¿Y qué tiene que ver el seguro con todo este vigoroso fenómeno de abandono de la pobreza y expansión de la clase media en América Latina?

Como en toda situación en la que existe un riesgo, la función del seguro es dispersarlo, de modo que el acaecimiento de un daño repercuta e incida del menor modo en la integridad del bien agredido. Prevenir el riesgo y eventualmente compensar a quien sufra un daño, son parte de esa función. La existencia de un riesgo, como ingresar o retornar a la pobreza, siempre da cuenta de alguien o algo vulnerable. Y es en esta reflexión y en el marco de los conceptos que emergen del trabajo de personal del Banco Mundial, que  puede imaginarse una nueva visión estratégica en la configuración y oferta de seguros. Seguros de protección a la movilidad social.
¿En qué ámbito social, respecto a qué riesgos, con qué carácter?

Precisamente en el ámbito de los “vulnerables”, esos sectores de ingresos medios, que merced al sostenido crecimiento económico han salido de la pobreza, pero que no forman parte aún de la clase media y –ante determinadas circunstancias, no necesariamente relacionadas al crecimiento de la macroeconomía- pueden sufrir eventos que les hagan retornar o les hagan caer en la pobreza. Por catástrofes climáticas, por agresiones en la familia, por frustraciones en el acceso a los servicios educativos, de salud, de seguridad, por ausencia o limitación en el derecho a planificar el retiro, por los efectos de la muerte en la familia y allegados, por el temor o la ignorancia respecto al ahorro, por la condición de género o de edad, por las dificultades para consolidar la propiedad en bienes fundamentales, por la pérdida del trabajo, por la destrucción de un proyecto empresarial.

A esa gente debe mirar el seguro. A esos riesgos deben oponérseles productos que trabajen  a favor de la pública felicidad de los vulnerables, dispersando los riesgos que les acechan.

¿Con qué carácter?

Con el que reclaman las grandes definiciones, decisión de Estado, con un nuevo pacto social que la sustente, que abra puertas a nuevos millones de personas en su esfuerzo por una vida mejor.

(*) Director de revista PóLIZA, seguros y finanzas.
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