El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

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domingo, 12 de agosto de 2012

¡Al fin terminó el censo!


Por Oscar Ventura

Uds. recordarán que Setiembre 2011 iba a ser "el mes del censo". Muchos nos preguntábamos entonces por qué se necesitaba todo un mes para hacer el censo, si antes se realizaba en una única jornada, con lápiz y formularios impresos. Bueno, el censo no se hizo ni en un mes ni en dos, sino que se necesitaron 325 días para dar los datos finales. Impresionante, pero al menos tenemos números.

Según lo publicado en El Observador [1] habemos dentro de fronteras unos 3.286.314 uruguayos, de los cuales el 51,99% es de sexo femenino y el 48,01% de sexo masculino. El diario El País, por su parte, informa que somos 

45.311 personas más que en 2004, cuando éramos 3.241.003 uruguayos. Teniendo en cuenta el crecimiento vegetativo que debería haber habido, quiere decir que entre 2004 y 2011 emigraron para no volver unos 80.000 uruguayos.

Ahora bien, en 2004 hubo 212 homicidios y 7.000 rapiñas. En 2012 las tendencias son de 286 homicidios y 16.000 rapiñas (es una estimación conservativa, los números van a ser seguramente mayores que esos). Podemos entonces construir esta tabla y la correspondiente gráfica, que se muestran debajo.


Lo que dicen estos números es que pese a que la población se incrementó en solo un 1%, los homicidios y la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes aumentaron en alrededor de una tercera parte. Mientras tanto, el número de rapiñas y la tasa de rapiñas cada 100.000 habitantes aumentaron en más del 125%.

Es obvio entonces que la percepción de la inseguridad tiene un asidero muy fuerte en la realidad.

Lo que dicen estos números es que pese a que la población se incrementó en solo un 1%, los homicidios y la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes aumentaron en alrededor de una tercera parte. Mientras tanto, el número de rapiñas y la tasa de rapiñas cada 100.000 habitantes aumentaron en más del 125%.

Es obvio entonces que la percepción de la inseguridad tiene un asidero muy fuerte en la realidad.

lunes, 25 de junio de 2012

Inseguridad mediática

Por Gustavo Toledo

El gobierno pretende convertir el problema de la inseguridad ciudadana (real, concreto, cotidiano) en un problema mediático. Como si la “crónica roja” fuera la causa y no el reflejo del alarmante auge de la delincuencia y su tendal de violencia.

Para Díaz y Tourné, roussonianos de pura cepa, la causa del problema es la sociedad. Para Bonomi y Breccia, mucho más pragmáticos que aquellos, la causa del problema es la pantalla chica. O al menos eso parece. Su preocupación no son los ciudadanos que son rapiñados o vejados sino los espectadores de las noticias policiales (léase: la sensación térmica).

Por eso proponen “combatir la inseguridad” aplicando el horario de protección al menor a informativos y programas periodísticos y la “autorregulación” de los medios de comunicación. Se quejan de que no destacan las “buenas noticias”, pero sí subrayan las malas y transmiten “ejemplos negativos”.

Ya lo dijo la primera dama hace algunas semanas, haciendo gala de sus conocimientos cinematográficos: “se nos están muriendo un montón de botijas o quedando parapléjicos o lisiados por las picadas. Cuando un chiquilín ve en la televisión (a) alguien que salta con una moto desde un segundo piso y se llama Antonio Banderas, pasa por arriba de un camión, y esto y lo otro y siempre está vivo, quiere imitarlo. Entonces me pregunto qué tanto estamos educando”.

O sea, la gente es tonta. Actúa por imitación. Los “botijas” escuchan al presidente hablar de manera soez sobre algún tema o lo ven salirse de sus casillas en la calle o tomar de la solapa a un ex ministro y lo copian, ¿verdad?

Sería gracioso sino fuera trágico.

Palabras como  “autorregulación” y “control de contenidos” huelen mal. Huelen a otros tiempos (a botas, a tijeras, a DINARP…). Quizás quienes proponen estas genialidades no lo sepan, pero el “control de contenidos” en una sociedad democrática lo ejerce el propio televidente haciendo uso de su libertad. Y para eso no requiere de tutores ni censores; le basta con el control remoto.

Si lo que se busca es que los medios de comunicación se conviertan en agentes de propaganda, en cómplices de una ficción con la que se proponen esconder la realidad, están hablando de otra cosa. Y es bueno que estemos alerta.

Por lo pronto, queda claro que el gobierno es como la bruja de Blancanieves: pretende que el espejo de los medios sólo le diga lo que quiere escuchar. Nada de malas noticias. Ni crónica roja. Ni espacios para pensar. Solo buenas noticias. Monólogos televisados. Y aplausos a granel.

Conclusión: el gobierno renunció a cambiar la realidad; se conforma con domesticarla.
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