El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

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viernes, 12 de abril de 2013

Artigas, por Jorge Batlle


Por Leonardo Guzmán (*)

El martes en Rotary Montevideo, al disertar sobre la Oración de Abril y las Instrucciones del Año XIII, el Dr. Jorge Batlle subrayó la firmeza radical de los principios de Artigas y la sensibilidad política con que desplegó su acción y resolvió su exilio. Ajeno a la moda de reducir la gesta de la independencia a proceso socio-económico, exaltó al ser humano concreto que leyó a los fundadores de los Estados Unidos pero formuló una síntesis normativa de cuño propio, única en América.

El Dr. Batlle es portador del apellido ideológico del Partido Colorado, pero su presencia pública trasciende las definiciones partidarias, los sacrificios que hizo y los cargos que ocupó. También trasciende la entereza con que, desde la Presidencia de la República, enfrentó la crisis de 2002, rechazando aceptar la quiebra del Uruguay y entregando en 2005 la economía en orden y ascenso. Hoy trasciende las fronteras de la edad.

Hijo del Presidente Luis Batlle Berres, desde su juventud Jorge hizo profesión de pensar por cuenta propia. Se formó en la época en que las convicciones se defendían a punta de editoriales en los diarios, prédica en las radios y altoparlantes en las esquinas. En ese contexto, se hizo plantador de reflexiones sin fijarse si iba a tocarle ser mayoría o minoría, porque su liberalismo de espíritu no se disolvió nunca en las aguas turbias del relativismo: lo hizo respetar a todos, pero defender con ardor sus verdades y sus ideales. Cuando gobernó, me constó desde el Ministerio que jamás buscó aceitar la máquina del Estado para usarla como herramienta de poder o instrumento de ideologización. ¡Qué diferencia!

Como es tradicional Batlle encomió la frase clásica: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana.” Pero no se quedó en eso solo. Siguió leyendo a Artigas: “Vosotros estáis en el pleno goce de vuestros derechos: ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos y ved ahí también todo el premio de mi afán. AHORA EN VOSOTROS ESTÁ EL CONSERVARLO.” Esto último lo leyó poniendo mayúsculas en la voz, que convirtió el documento de 200 años atrás en alerta y llamamiento para poner luz en lo que vendrá.

Ese alerta y ese llamamiento se imponen como necesidades perentorias ante el estado actual de la cosa pública. Si en nosotros está el conservar nuestros derechos, ni el PBI ni los buenos precios internacionales ni el reparto de dádivas deben distraernos de las desgracias que nos vienen limitando su pleno goce.

Por caída de la cultura, se han empobrecido las ideas y los sentimientos a partir de los cuales se vive. Se toca con los dedos la corrosión de las relaciones humanas, reflejada en una crisis de la familia que sobrepuja a la violencia doméstica. Proliferan los robos callejeros y las rapiñas con heridos y muertos.

Semejante cuadro no debe sepultarse bajo la lápida de estadísticas que amontonan números pero no miden la ruina que se enclava en los destinos mutilados. Exige el restablecimiento de la imperatividad de la ley, el renacimiento del pensar público y el culto de la persona.

Puesto que la caída se da en nosotros, en nosotros está responderle.

Sin depositar la esperanza en el quehacer ajeno sino reasumiendo la vida como aventura por cuenta propia: solidaria en el punto de partida y en los fines, pero íntima e independiente al ejercer nuestra libertad creadora.

Como de Artigas aprendimos desde el pupitre.

(*) Abogado. Periodista. Ex Ministro de Educación y Cultura

Fuente: Diario El País 

viernes, 2 de diciembre de 2011

El fuego, no las cenizas

Por Dr. Ope Pasquet (*)
Ayer quedó instalada, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, la urna que contiene los restos mortales de José Artigas. Como es sabido, la urna estaba en el Mausoleo de Plaza Independencia. Debido a que dicho edificio necesita reparaciones se dispuso que, provisoriamente, los restos del Jefe de los Orientales queden depositados el Palacio de las Leyes.
La ceremonia de traslado de la urna funeraria al lugar de su emplazamiento interino fue ocasión para la celebración de una suerte de fiesta patria “ad hoc”, no prevista en el calendario oficial.
A las puertas del Palacio, el Presidente de la Asamblea General y una comisión de legisladores especialmente constituida para la ocasión aguardaban a los ilustres despojos. Doblemente custodiada por el Cuerpo de Blandengues y el Batallón Florida, la urna fue solemnemente depositada en el centro del Salón de los Pasos Perdidos. Con la presencia del Presidente de la República, el gabinete ministerial y otras autoridades, se cantó el himno nacional. Luego sesionó la Asamblea General, en la que hablaron legisladores pertenecientes a los cuatro partidos políticos representados en al Parlamento. El Presidente de la Asamblea, Cr. Astori, señaló con aire de reproche, al comienzo del acto, que era la primera vez que los restos de Artigas llegaban a la sede del órgano legislativo. Luego, los oradores volvieron a mencionar el punto y alguno le dio la bienvenida al Gral. Artigas. Me estremecí, pensando que si se va a hacer cuestión del lugar donde se depositan los despojos del héroe, a alguien se le va a ocurrir que no es justo que sólo Montevideo tenga ese honor, y que quizás  se organice, a modo de peregrinación patriótica, una recorrida de la urna por los otros dieciocho departamentos...
Como legislador participé, obviamente, de la ceremonia de ayer. Como uruguayo, profeso la veneración laica que debemos profesar todos por la figura del héroe nacional. Pero para ser sincero debo confesar que me resulta algo extraña, y hasta chocante, toda esta liturgia funeraria cumplida en torno a lo que pueda quedar del cuerpo de una persona fallecida hace más de 160 años. La exaltación patriótica en torno a los restos mortales de los héroes, últimamente tan cultivada en América Latina (léase Basta de historias, de Andrés Oppenheimer)  me hace pensar en los irracionales estallidos de fervor religioso del Medioevo, en torno a las reliquias de los santos...¡Ay, Uruguay!
La vida de Artigas es más  que pródiga en actos dignos de recordación. No nos alcanzarían los días del año para celebrar todas las manifestaciones de su grandeza,  ni para reflexionar acerca de todas las frases –muchas, de soplo épico- en las que troqueló su pensamiento. No necesitamos, realmente, improvisar solemnidades fúnebres al vaivén de las reparaciones edilicias que reclame el Mausoleo.
Los cuerpos vuelven al polvo y con él se confunden; las que permanecen son las ideas.
Celebremos el fuego, no las cenizas.
(*) Abogado. Senador de la República. Secretario general del Partido Colorado
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