El SEMANARIO RECONQUISTA es el órgano de prensa de la Agrupación Reconquista del Partido Colorado, fundado por Honorio Barrios Tassano y Carlos Flores. Director Prof. Gustavo Toledo.

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viernes, 12 de abril de 2013

A propósito de las disculpas del presidente


Por Ope Pasquet (*)

Finalmente, el presidente Mujica hizo lo que debió haber hecho hace rato: le pidió disculpas a su homóloga argentina por la manera en que se refirió a ella y a su difunto esposo, en el triste episodio ocurrido en Florida el jueves de la semana pasada.

Según informa la prensa de estos días, Mujica le envió una carta a Cristina Fernández, en la que invocaría sus orígenes humildes y sus largos años de cárcel para explicar la grosería de su lenguaje.

Acerca de los dichos iniciales del presidente uruguayo y de lo que dijo además en la entrevista concedida a La Diaria –esta vez sin sorpresas ni distracciones-, no haremos comentarios, porque huelgan. Cuando fue Jorge Batlle el que, sin saber que lo estaban filmando y grabando, habló demás, algunos dirigentes frenteamplistas (Tabaré  Vázquez y Enrique Rubio entre ellos) lo condenaron con saña y sin contemplaciones. Esta vez la oposición –otra oposición- no quiso pegarle en el piso al presidente. El gesto, sin embargo, no fue reconocido.

Mujica admitió pues que, por el lenguaje que usó (“áspero” y “canero”, como él mismo lo llamó) debía ofrecer sus excusas a la persona aludida en sus comentarios.  El presidente entendió y aceptó que su manera de dirigirse a los demás puede resultar y resulta efectivamente ofensiva; y como la ofendida esta vez fue nada menos que la Sra. Presidente de la República Argentina, Mujica se disculpó (e hizo muy bien).

Lo que debe señalarse es que ese mismo lenguaje “áspero” y “canero” lo usa permanentemente el presidente para dirigirse a sus compatriotas; en particular a los integrantes de la oposición política, pero no exclusivamente a ellos. El famoso “no sea nabo” o el “vayan a cuidar a sus mujeres” son buena muestra del “estilo” presidencial al que aludimos. Y si el presidente se expresa así, no nos puede sorprender que el ministro de Defensa, Fernández Huidobro, hable soezmente en actos públicos; quien tiene la autoridad para exigirle más respeto por la audiencia y por su propia investidura, es el menos indicado para hacerlo.

A la sociedad uruguaya, empero, no parece molestarle la ordinariez gubernamental. La popularidad de Mujica ha subido últimamente, afirman las encuestas; y cuando Fernández Huidobro dijo algunas barbaridades en un almuerzo de ADM, fue aplaudido por los  empresarios y profesionales que lo estaban escuchando.

El desprecio ostensible por las reglas del respeto, del buen trato, de la cortesía y del decoro, ¿hace a nuestra sociedad más democrática, más libre o mejor en algún otro sentido? No lo creo. Para nuestra sociedad el respeto, la cortesía y los buenos modales son valiosos; a todos nos gusta que nos traten bien. Todos entendemos que el lenguaje que empleamos con nuestros amigos, no es el mismo que podemos emplear cuando están presentes las esposas de nuestros amigos.  Cuando la ocasión es importante para nosotros, nos vestimos y esperamos que los demás se vistan de acuerdo con ella; quien acude a una entrevista para conseguir un buen trabajo, cuida su aspecto (y su lenguaje); el día de su casamiento los novios no se ponen lo primero que encuentran a mano; y las chicas que festejan sus quince años no esperan que sus amigos vayan a la fiesta vestidos como si fueran al tablado.  

Si en lo que nos concierne y afecta directamente, esperamos que el lenguaje y la conducta de los demás respeten nuestros valores, ¿por qué admitimos la degradación de la vida pública? Quizás por aquello de que “la causa de todos es la causa de nadie”; mientras no se metan conmigo, que hagan y digan lo que quieran.

El problema es que, más tarde o más temprano, lo que pase en la calle repercutirá dentro de nuestra casa. El lenguaje y los hábitos republicanos son sencillos, decorosos y respetuosos y  fortalecen la salud moral de la sociedad. El lenguaje carcelario y la mentalidad correspondiente, en cambio, intentan convencernos todos los días de que aceptemos vivir “en un mismo lodo, todos manoseados”, como dice la letra del tango.

No será deslizándonos por esa pendiente, como llegaremos a sentirnos orgullosos del país en que vivimos.

(*) Abogado. Senador de la República (Vamos Uruguay-Partido Colorado)

lunes, 20 de agosto de 2012

Bordaberry anunció férrea oposición a acuerdo tributario con Argentina


El senador y líder de Vamos Uruguay Pedro Bordaberry anunció que establecerá una "férrea oposición" a la firma de un acuerdo tributario con Argentina. El jueves el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, concurrirá al Parlamento para referirse al tema.

Bordaberry expresó en su audición dominical de Radio Rural que el anuncio del acuerdo entre ambos países detuvo las operaciones inmobiliarias en Punta del Este y lamentó el perjuicio que el acuerdo puede implicar para el desarrollo del país.

"Es preocupante, porque la fortaleza del turismo en Uruguay estaba dada por la seguridad y la tranquilidad, que se pone en tela de juicio con estas medidas que quiere firmar el gobierno", manifestó. Si bien existe una exigencia de la OCDE en materia de transparencia tributaria, indicó que "Uruguay no pelea para darla vuelta".

El líder colorado reconoció que el intercambio tributario es cada vez de mayor aplicación a nivel mundial pero destacó que en el caso argentino, el gobierno de Cristina Fernández recorre "un camino de falta de certeza que Uruguay no debe seguir". En ese sentido, llamó a poner en primer término el dragado y a cerrar acuerdos que favorezcan al país antes de aceptar un intercambio de información tributaria.

Fuente: UNoticias.com

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La diplomacia del gladiolo

Por Gustavo Toledo
Ya no son los tiempos aquellos en los que Miterrand invitaba a Sanguinetti a sentarse a su derecha en los festejos por el Bicentenario de la Toma de La Bastilla o los presidentes uruguayos se entendían con sus pares galos en un francés rudimentario pero comprensible. Nosotros ya no somos los que éramos ni ellos son los que eran. Los franceses se “uruguayizaron” (es decir, se enamoraron de sí mismos y dejaron de vivir en el presente) y los uruguayos –“franceses honorarios” durante algo más de un siglo- renunciamos a ser la fotocopia de esa gran nación para parecernos a nuestros vecinos. Si era malo copiarle a los franceses hasta sus defectos (algunos ya están integrados a nuestro ADN: cerrazón ideológica, estatismo, conservadurismo cultural, burocratismo y otros tantos ismos), peor es esta vocación latinoamericanista que domina a nuestras autoridades. Queremos (quieren) parecernos al resto del vecindario. Es decir, que seamos parte activa del cambalache circundante. Disolver nuestra singularidad en un proceso de integración sin rumbo ni cabeza, para que el mundo vea -en nombre de los padres fundadores y de sus impresentables vástagos contemporáneos- a la “Gran Patria Latinoamericana” unida. ¡Pamplinas!
Aunque distantes, la tradición aun nos pesa. Quien lo niegue, se equivoca. Nos dolió –y mucho- el cachetazo que hace pocos días nos dio el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, cuando nos tildó de “paraíso fiscal” –al igual que a Antigua y Barbuda, Barbados, Brunei y Trinidad y Tobago, entre otros- y nos amenazó con echarnos de la comunidad internacional si no hacemos lo que los “grandes” nos ordenan. Nos dolió por provenir de nuestra madre patria adoptiva (la que elegimos cuando la madre patria biológica perdió sus galones de imperio y se transformó en el patio trasero de Europa). Que una cosa así la digan los ingleses o los holandeses, es entendible: razonan con el bolsillo. Pero que lo hayan dicho ellos, es una verdadera decepción. O, más que eso, una traición. Que señalen con el dedo a Panamá o a Botsuana vaya y pase, pero que también nos señalen a nosotros es una humillación que muchos francófilos jamás se imaginaron.
Ahora bien, lo peor no es esto. Que el señor Sarkozy haya dedicado unos segundos a hablar (mal) de un puñado de países que seguramente ni siquiera sepa ubicar en el mapa, no es lo importante; tampoco lo es nuestro supuesto status de “paraíso fiscal” y sus eventuales consecuencias; lo importante aquí es el estado actual de nuestras relaciones exteriores.
Con la llegada al poder de Tabaré Vázquez y su insólito ministro de Relaciones Exteriores Reinaldo Gargano, nuestra Cancillería se convirtió en un apéndice de las vecinas. Perdió jerarquía y respetabilidad. Los cuadros técnicos no adictos al oficialismo fueron anulados y la política exterior se convirtió en una sucesión de metidas de pata y gestos contraproducentes. Se cargó de prejuicios y atavismos ideológicos; la región se transformó en su único norte. Y, consecuentemente, se volaron los puentes con el resto del mundo. ¿Estados Unidos? Demasiado capitalista. ¿China e India? Demasiado lejos. ¿La Unión Europea? Demasiado encerrada en sí misma. Conclusión: nos quedamos dando vueltas en el barrio, viviendo de la caridad ajena, pendientes de los cambios de humor de las autoridades argentinas y de los coletazos de las decisiones brasileñas. Si las cosas van bien, todos felices y contentos. Si las cosas van mal, le echamos la culpa a otros.
Según declaraciones del canciller argentino, Héctor Timerman, su jefa política solicitó al G20 que se manifestara en contra de lo que él denominó “guaridas fiscales” (léase, Uruguay), justo en el mismo momento en que su gobierno reinventaba la pólvora imponiendo una suerte de control de cambios y limitaba la compra-venta de dólares.   
Si no fue así -es decir, si Cristina no tomó la iniciativa-, fue por lo menos omisa en nuestra defensa. Ni Argentina ni Brasil movieron un dedo en apoyo del Uruguay. Si no le hablaron al oído de los “grandes” para que nos retaran y amenazaran, se hicieron los distraídos. En cualquier caso, expresan una falta de lealtad con sus socios menores (especialmente con nosotros) que no condice con la que nuestro gobierno les tiene. Una lealtad irracional y desproporcionada, que frente a episodios como éste merece ser denominada de modo menos diplomático y elegante: servilismo, genuflexión, sometimiento, usted elige.
Ahora, insisto, el problema no es cómo se comportan los demás con nosotros sino cómo nos comportamos nosotros con los demás. Nuestro presidente cree que con un ramo de gladiolos convence a sus vecinas de lo que a él le plazca. Cree que con una visita, un llamadito telefónico y una declaración de afecto frente a las cámaras se las pone en el bolsillo. Como si se tratara de dos tías viejas que con zalamerías accedieran a hacernos las albóndigas que tanto nos gustan. Creer eso es no tener la menor idea de cómo se relacionan los países entre sí. Por eso, sus resultados son estos: el escarnio público, la falta de rumbo y la incesante pérdida de oportunidades en este competitivo mundo en ebullición. 
Un país como el nuestro no se puede dar el lujo de vivir al garete y mucho menos tener como capitán a una persona que le tiene miedo al agua.
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