jueves, 27 de junio de 2013

40 años

Por Gustavo Toledo

Cuarenta años nos separan del golpe de Estado de 1973. Cuarenta años de historias maniqueas, de mentiras oficiales y verdades hemipléjicas, de lobos disfrazados de corderitos, de pactos no tan secretos, de familias quebradas y de reclamos de justicia con olor a venganza.

Si el tiempo se midiera en relación a nuestra capacidad de aprendizaje, tengo la sensación de que en estos años no aprendimos demasiado.

No aprendimos que la vida puede valer poco o quizás nada, pero nada vale una vida.

No aprendimos que secuestrar, torturar, asesinar y desaparecer personas, no importa a qué partido, organización o colectivo pertenezcan, es siempre un crimen horrendo y repudiable.

No aprendimos que la defensa de los derechos humanos no es patrimonio de algunos sino deber de  todos.

No aprendimos a buscar la verdad en los hechos sino a aceptar como ciertos relatos parciales, subjetivos, engañosos, y en ocasiones abiertamente mentirosos.

No aprendimos que muchos de los que ahora dicen haber defendido la democracia fueron los primeros en tomar las armas contra ella, y quienes voltearon las instituciones con el pretexto de querer salvarlas, fueron quienes terminaron destruyéndolas.

No aprendimos a valorar el coraje de quienes realmente se jugaron la camiseta en su momento, defendiendo la democracia aun a riesgo de sus vidas y la seguridad de sus seres queridos.

No aprendimos que la democracia no se pierde de golpe sino a los golpes, a veces casi sin darnos cuenta, acostumbrándonos a desconfiar del otro, viéndolo como enemigo, creyéndonos dueños de la verdad, descartando la posibilidad del diálogo.

No aprendimos que las leyes son para todos, que los pronunciamientos populares son sagrados y que los fallos judiciales pueden gustarnos o no, pero deben ser respetados a rajatabla.

No, no aprendimos demasiado, y eso me preocupa. Me preocupa que podamos tropezarnos o hacer tropezar a las nuevas generaciones con las piedras que quedaron esparcidas en el camino.

Cuarenta años parece mucho tiempo, pero no lo es.

Cuarenta años separaban a los uruguayos de 1973 del golpe de Estado de 1933. Sí, apenas cuarenta años, y ya ven lo que pasó...

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